El Periódico de Torrevieja nº364

Alegría desbordante la que se vivió el domingo en Torrevieja, como en toda España, por el triunfo de la Selección Nacional de Fútbol en la Eurocopa 2008, frente a Alemania. La explosión de júbilo sobrepasó con mucho todos los límites del deporte, era una apoteósis colectiva. Todo el mundo estaba en la calle, celebrándolo; incluso aquellos que no entienden de fútbol. Después de cuarenta y cuatro años sin lograrlo, y llegando como máximo a cuartos de final, consiguieron ganar con poderío, pasando por encima de todos los rivales, y fue una locura colectiva. La verdad es que daba gusto ver el ambiente tan extraordinario que se genera. Fue como si todos hubiéramos ganado algo importante, esa sensación general de triunfo y de satifacción. También surgió el patriotismo colectivo: no había diferencias, ni colores -salvo alguna pequeña excepción-, todos españoles, con la bandera ondeando por todas partes, entonando el himno y el «¡Viva España!» con sana alegría. Un nacionalismo exacerbado el que motiva el deporte y que ha salido a las calles en estos días, de forma abrumadora, también en las televisiones y las radios, por todas partes no se hablaba de otra cosa. Ni la crisis importaba ya, ni la política, ni las subidas de precios. Todo quedó oculto tras la enorme euforia, unánime y compartida, al haber conseguido ganar el campeonato europeo. El recibimento a los jugadores a su regreso a España fue igualmente apoteósico, como a héroes nacionales. Desde luego que la gesta de haber conseguido unificar a todo el país (la retransmisión televisiva consiguió un 90% de audiencia) en torno a algo positivo bien merece la pena. Para una vez que tenemos la ocasión de celebrar algo bueno todos juntos, después de cómo nos ponemos a veces los unos con los otros, hay que disfrutarlo, aunque no sepamos nada de fútbol.

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