Sones con sol y sal

Esta semana será imposible sustraerse al influjo que le ha supuesto a la ciudad oír los sones acompasados de «sus» habaneras difundidas a medio mundo, y de los que han sido intérpretes hombres y mujeres, jóvenes también, de los cuatro continentes. Australia, que ha sido en esta ocasión la ausente, habría conocido de antemano su gran obligación de ser anfitriona del Papa Benedicto y su III Jornada Mundial de la Juventud. Por pensarlo, que no quede.
Este año como todos, el recinto ha estado lleno de ilusión por ver y escuchar a los mejores. La «obligada», como es habitual, atragantándose un poquito, dada la calidad que suelen llevar implícita.
Se despide el maestro Pagán, entrañable miembro del jurado que, con su buen hacer durante muchos años, nos dejará recuerdos para siempre.
Profano a la hora de valorar y juzgar méritos, he hecho sin embargo mis cábalas y mis apuntes, como muchos conocidos y amigos del entorno. Ni que decir tiene que eran siempre sugerentes los corrillos con sus inevitables criterios y opiniones. Afición se llama a esa concurrencia. Pienso que ha habido un buen nivel, pero, para no alargarme en mi comentario, yo diría que los premios a la mejor polifonía me dejaron y dejaron a muchos un regusto raro, envuelto en el papel de regalo de la sorpresa… Hubo algún coro con méritos suficientes para figurar en esa selección de los mejores… Y me acuerdo, por ejemplo, para mí, del gran coro juvenil de Riga (Letonia), que apareció en las primeras noches convenciendo, y que fuese y nunca más se supo.
De todos modos, éxito notable.
Desde Australia nos llegó la noticia anunciada por el Papa de que será Madrid la próxima sede del IV Encuentro con los Jóvenes del Mundo. Los españoles estamos en candelero con nuestro entusiasmo envuelto en cánticos y banderas al que nos llevan los triunfos de los deportistas y también en ese foro se hicieron notar. Los jóvenes católicos españoles…
 Nos congratularemos igualmente de que a primeros de este mes de julio y en la Concatedral de San Nicolás, hayamos visto tumbados boca abajo en el suelo delante del altar a seis muchachos que han decidido, a mayor gloria de Dios, hacerse sacerdotes. Ritual hermoso del más excelso de los sacramentos como es el de disponibilidad, que lleva aparejada la humildad, la obediencia, y una tremenda obligación de transformar en lo posible a los hombres…
Y ya otro día hablaremos de los hombres de paz, Otegui y Chaos, que ya salen. Y de las corbatas de Sebastián, esplendorosas, que nos regalará bombillas para que entre todos ahorremos un montonazo de toneladas de crudo. Sí señor, a lo cubano,  para que vaya por habaneras…

JortizrochE

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