Psicología animal (3). La expresión de las emociones

 Charles Darwin (1809-1882)

Es ya la tercera crónica que dedico a la observación minuciosa, casi diaria, de las reacciones de mi perrita Zuri, cuyo comportamiento me tiene intrigado, pues a veces parece intuir que la estoy observando.
Y no soy yo quien lo enfatice, sino Charles Darwin, de la University of Cambridge, quien llegó a la conclusión de que no hay saltos cualitativos en «The expression of Emotions of Man and Animals» de su obra de 1872. Adelantándose a la neurociencia y a base de la observación sobre todo de animales domésticos llegó a conclusiones que todavía nos hacen estremecer la conciencia cuando nos emancipamos de quienes comparten con nosotros la mayoría de nuestros cromosomas.
Hoy me referiré sobre todo a comportamientos extraños de mi mascota que, durante nuestros casi diarios viajes al campo abierto de la Vega Baja, me va marcando el trayecto a través de sus lecturas olfativas, acercando los «whiskers» peludos de su morro húmedo al ventilador de mi Opel, que luego confirma mirando por la ventanilla del viejo Corsa Swing. Pero este fin de semana me he quedado en casa sin salir al campo y he notado que se le velaban los ojos con sentimientos que Darwin expresaría como humanos «de placer, dolor, felicidad y miseria», pues los expresaba no tanto mirándome de hito en hito, sino restregando sus «whiskers» o vellos de bigote por mi faz. Lo hizo repetidas veces para confirmar sus formas de reaccionar a esas sensaciones.
Y yo, patitieso, he decidido escribir esta tercera crónica para aquellas miradas que reconocía de lejos, pues no eran las habituales, reflexionando si en este día mi kanitxe Zuri, de orejas saltonas, no trataba de comunicarme algo, como hacemos todo el tiempo tú y yo, cuando me lees, me telefoneas o me mandas un mensaje por Internet.

EPITAFIO PARA UN PERRO
Aquí reposan los restos de una criatura que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad y tuvo todas las virtudes del ser humano sin ninguno de sus defectos. Lord Byron

ANÓNIMO
Errar es de humanos, perdonar de perros.

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