Sobresalto electoral y resaca

Lunes gris-oscuro para muchos, de arco iris para ganadores y de resaca para todos. Ésta, la resaca, fortalecida más por la lamentable e insólita actuación, a la tarde, de nuestra selección en la Eurocopa. No leeré a ninguno de los cientos de periodistas deportivos que presenciaron el descalabro, siempre ufanos porque es lo que vende, y de lo que viven, pero incapaces de hacer a buen seguro la más mínima crítica a nadie y menos a los dirigentes de la cosa. También presenciaron el descalabro, cómo no, los cientos de miles de aficionados, que cambiaron la ilusión y el entusiasmo acostumbrados, por la natural frustración. Esta vez, nuestros famosos millonarios del balón se asustaron por lo visto al oír cantar a los italianos su himno nacional y no se dieron cuenta de lo que estaba pasando hasta bien entrado el segundo tiempo. Sin coraje alguno, acomplejados, corriendo «quedito» y combinando «quedito» alguna vez, vieron de cerca, muy de cerca, el empuje de los otros. Pero cuando toca perder hay que hacerlo con gallardía y dejándose la piel como se dice en la jerga futbolera del entrenador… cuando hay entrenador claro. Y, para postre, y yo le doy mucha importancia a los detalles, estrenando una camiseta ¡blanca! con una mancha en el pecho o eso parecía, como de haber recibido un tomatazo con sus correspondientes chorretones y donde está como diluido ¡el escudo nacional…! Me ilustran que es un diseño de Adidas… que es quien paga. ¡Pues qué bien!
Dejémoslo, porque he empezado con las tonalidades del lunes de después. Es que ha habido el domingo elecciones en España, queridos lectores/as. ¿Les suena? ¿Habrá alguien que no se sepa lo de la urna y su ranurita? Hemos tenido que votar por segunda vez en seis meses ante la incapacidad de los que dicen representarnos, para ponerse de acuerdo. Así que para ello no hubo periodistas deportivos. Eran los habituales de la política: analistas, corresponsales, entrevistadores, presentadores, manipuladores, etc. etc. ¿He dicho manipuladores…? Pues pido perdón por el exceso, pero no voy a utilizar la palabra mentira con el juego que podría dar… Figúrense Vds. que hoy mismo me he enterado de que hay tres clases de mentiras… Las mentiras, las malditas mentiras y la estadística. Acompañados ya desde meses del rumor inmisericorde del ascenso imparable hacia el cielo del poder de ese conglomerado político empeñado en enseñarnos a vivir en libertad, van los señores de la tele uno y nos anuncian para las ocho, los datos de una «encuesta israelita» fetén. Y, efectivamente, a esa hora, con puntualidad británica, nos espetan a bote pronto unos números que a mí personalmente me dejaron clavado en el sillón sin ganas de comer las empanadillas que acababan de sacar a la mesa de la merienda. Menos mal que era tan maldita mentira que poco duró. Los españoles cortan las alas a ese populismo barato que hasta ha dado cabida en su seno a última hora a un resto que tenemos en España del comunismo que pasó por aquí cuando la revolución bolchevique de 1917, que nos hizo un ensayo general con todo. Enterados de lo cual, pues, respiramos hondo ya en calma chicha y yo me pude entregar a las empanadillas.
Termino alumbrando el papel con las palabras del Papa Francisco debajo siempre de su solideo blanco impoluto en su viaje de tres días a Armenia, impulsando el ecumenismo integrador. Le pidió a su Patriarca la bendición para él y nuestra Iglesia, en lo que consideró una nueva andadura hacia la unidad plena.

JortizrochE

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