Asuntos internos

La verdad -no el periódico diario provinciano, sino la única que tengo, la mía propia- es que desde hace unos cuantos días tenía redactado el artículo para mi aldea global y para mi periódico en particular (publicación valiente donde las haya en momentos torrevejenses muy difíciles, que conoció de primera mano la bota y la “manu militari” de un gobierno de turno que se mantuvo en el poder demasiado tiempo), relacionado con el trapicheo habido y por haber en la redacción, proyección y construcción del mal llamado Teatro del Siglo XXI. Sí, ha habido sobrecoste en la obra; sí, ha habido malísima ejecución de las mismas; sí, ha habido graves deficiencias; sí, hubo prisa en abrirlo; sí, no había licencia de apertura ni de actividad; y sí, hubo de casi todo, que ya no merece la pena mentarlo más. Un dislate más de los muchos que se hicieron para mejor gloria de los todogloriosos. Así que punto y final en este asunto interno. Otro asunto interno interesante es la política económica que se viene realizando con un esfuerzo, creo, supino, porque el lastre no es moco de pavo: déficit, deuda, más déficit y más deuda. Todo parece indicar que la situación se va controlando, a pesar de que el ejercicio presupuestario de este año no tiene feliz salida, y que la política de alquileres de inmuebles para dependencias municipales se va rebajando paulatinamente. Tampoco cabría hablar mucho más de esto, a pesar de las reticencias de la Junta Mayor de Cofradías con los espacios en ese otro gran inmueble público que se está acabando o que debiera estar acabado hace ya muchas lunas.
Leí hace unos días, ya no me acuerdo dónde, que en la aldea de Ascaso, en el Pirineo aragonés, se está proyectando la muestra de cine más pequeña del mundo. La aldea tiene seis casas, pero la apuesta cultural es inmensa, tratando de recuperar un pueblo. Digno de encomio. Aquí, vamos a experimentar, con muy buen criterio, creo, con el denominado “Eras de Cine”, es decir, recuperar el cine de verano que tenía Torrevieja y que, por mor del desarrollo, que no progreso, desapareció por arte de birlibirloque. A ver si entre los de La Cueva de Melpómene y algunos que tienen culturalmente la cabecica bien amueblada se arma el lío. Ánimo, pues.

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