Yo confieso. En vivo y en directo

Tras el desembarco súper anunciado, seguro, del beatífico Mariano Rajoy, su efectiva tropa, y conjuntada hueste, van, como en Fuente Ovejuna, todos a una. En el PSOE, sin embargo, cada uno, por «libre», pero condicionado y preso por sus «honestas ambiciones» y luchas inquisitoriales entre la cúpula de pecadores. Entre ellos, el efímero ex-secretario general Pedro y su «yo confieso», que ha sido desterrado por la sagrada congregación de los grandes dirigentes de la disciplina «ortodoxa» y los votos.
La confesión ha sido demoledora: una «Champions League», que ha dejado fuera de juego y encharcado el campo de sus hasta ahora compañeros de partido; y éstos, ofendidos e iracundos, han sacado su «tarjeta roja», para echar del campo, aparte de a Pedro, a los jugadores que con él hicieron piña para oponerse al sucio juego de la congregación y su inquisición política particular, y, por ello, han sido excomulgados por su pecado.
El «yo confieso» de Pedro ha sido un telúrico terremoto de escala Richter. Pero esa confesión podía haberla hecho antes; sin confesarse en abierto, en vivo y en directo, con Jordi Évole en su programa de Salvados, de millonaria audiencia. Debía haber tenido coraje político, y plantar cara a la congregación de los grandes inquisidores cuando aún estaba de secretario general y no haber accedido al sabido pacto, impuesto según, con C’s, contra Rajoy. Sus corrupciones y su destructivo y antisocial gobierno. Tras las elecciones del veinte de junio, pudo haberse entendido con la nueva izquierda de Unidos Podemos; ahora, contrito y confeso, se arrepiente; «a buenas horas, mangas verdes». Lo que pudo ser y no fue, ha tenido fatales consecuencias; él, con su penitencia, y el jodido pueblo, en el duro muro de las lamentaciones por culpa, y permítanme la expresión, «justa» y verídica, de esta mierda de política y políticos mediocres, de medio pelo y ambiciones sin límites. Y aquí, una reflexión satírica de mi cosecha.
¿Qué tiene el señor poder? / Que todos quieren hacerse con él, / que es «alto, guapo» y pobre no es, / si no detentase privilegios, cargos sustanciosos / millones y hacienda, / si no fuese tal como es, / nadie querría, hacerse con el… FIN DE LA CITA. Como decía el expresivo y eficiente Rajoy, en cada exposición que hacía en sus réplicas en un debate en hemiciclo del Congreso.

Josefina García

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