La Mano Negra (3)

Obsequio de los 4 (Dios y hombre)

«…Por nuestra mala educación, le queremos hacer los 4 un pequeño regalo. Como yo soy el rey de la selva, permítame que le dé un pelo de mi bigote y, en diciendo «Dios y león», será usted el animal más fiero de la tierra». Llega dando saltitos el águila y, arrancándose una pluma de su ala derecha, exclama: «Tome esta pluma que le hará convertirse en el ave más bella y veloz que surque los cielos, pero ha de decir “Dios y águila”». El galgo le entrega una de sus uñas: «”Dios y galgo” ha de decir, y será usted el perro más hermoso, fiero y veloz del mundo». La hormiga, como era chiquitina, trepó por su pierna hasta situarse junto a su oreja: «Tome una de mis patitas, que me volverá a crecer, y, en diciendo “Dios y hormiga”, se meterá por el ojo de una aguja». Allí se despidieron todos, se dieron las gracias, y ahora vamos a seguir a Juanillo para vivir con él sus aventuras. Llevaba Juanillo horas y horas andando con tanto dolor en sus pies, que vio que sangraban a causa de unas ampollas que se le habían reventado. En ese momento, se acordó de los regalos de sus amigos y, tomando la pluma, dijo: «Dios y águila», convirtiéndose en un bello ruiseñor, que, volando, volando, llegó a la orilla de un río para calmar su sed. Se convirtió en hombre y metió sus doloridos pies en el agua tan fresquita, sintiendo un alivio inmediato y cómo desaparecían sus heridas y la sangre se la llevaba la corriente. De pronto, su fino oido oyó sollozos y rápido corrió hacia el lugar donde sonaban, viendo que se trataba de la joven más bella que sus ojos habían contemplado hasta entonces. Le preguntó quién era y qué hacía allí llorando tan horrorizada. «Soy la Princesa Amorosa; estoy aquí porque me ha de comer una serpiente de 7 cabezas…».

Continuará

Kartaojal

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