Ruido, ruido, demasiado ruido

Esta frase de Joaquín Sabina viene a pelo porque la noticia de la quincena, el no abono de las nóminas a los trabajadores del Ayuntamiento ha copado los espacios más signficativos de los medios de comunicación que operan por la ciudad, y al mismo tiempo chascarrillo de tabernas y rincones. Es difícil escribir sobre el problema porque precisamente ha primado el ruido y un desconocimiento casi total de lo que estaba pasando y por qué está sucediendo una situación inédita que se ha ido convirtiendo en kafkiana y surrealista. Es obvio que, entre unos y otros, informes y contrainformes la situación se ha ido enredando y ya veremos cuándo se desenreda totalmente y con solvencia, sin que ninguna de las partes pierda nada. Han querido presentar los partidos de la oposición una moción de censura instrumental (que uno no sabe muy bien qué significa eso), aprovechando una coyuntura histórica jamás vista. Han querido (incluso han insultado) responsabilizar de todos los males al actual alcalde de la ciudad, creyendo sin lógica ni razón alguna que con su sola firma podría solventar el asunto. Y eso que han informado por activa, pasiva y perifrástica que las cosas no eran así. Yo he podido escuchar la voz de una persona sensata, la presidenta de la Junta de Personal, al explicar lisa y llanamente que la responsabilidad recaía en la firma de los funcionarios, que el alcalde sólo rubricaba con su firma la validez del pago si firmaban dos funcionarios. Es evidente que la solución al problema del pago de la productividad se tuvo que haber estudiado con mucha antelación, con mucho tiempo por detrás, y no se ha hecho. Y es evidente que ha podido más la provocación del ruido y la puesta en escena de mucha falta de información. Así que, para no liar más la madeja, y despolitizar un asunto que, de seguir por ese camino, va a afectar negativamente en muchas familias, lo sensato es que todos los responsbles se abran a la reflexión, estudio y análisis de la situación para acabar con tanta incertidumbre y con tanto despropósito. La Administración Pública no debiera paralizarse por un “quítame allá esas pajas”, o un “a ver quién la tiene más larga”, o “a ver quién da el susto más grande”, o “a ver quién incumple con mayor fuerza una sentencia en firme”. Por eso, ya digo, lo mejor es la sensatez en momentos tan difíciles.

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