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Blog de Jon Oria

La visión de lo femenino que nos llega de raíces muy antiguas Teresa de Ávila

Viernes, 23 de Julio, 2010

Tras una visita a fondo de la exposición «Camí cap a la igualtat», que comentamos la semana pasada, en que, obviamente, se citaban mayormente las opiniones de las mujeres, hubo un puñado de hombres que se atrevieron a dar también su punto de vista sobre el tema y a mí no me importaría ser ahora uno de ellos, aunque con citas tan sólo de ellas.
Habrá que reconocer de antemano y sin ambages que, en contra de lo que se suele decir, las mujeres han contado con representantes máximos en las letras (Emilia Pardo Bazán) en las ciencias (Florence Nightingale) y en las artes, por mencionar unas pocas, como se ilustra brillamtemente en el catálogo que ha presentado la coordinadora de la exposición, Nuria Trincado Camino. Se afirma de Teresa de Ávila (1515-1582) que tenía pies de plomo, aligerados con plumajes que le ayudaban a escalar alturas. Su visión de las mujeres de su tiempo es crítica, más bien benevolente, y uno de sus dichos le resume como mujer de sentimientos concertados con muchos años de experiencia: «Aunque no seamos buenas para aconsejar, a veces acertamos», porque «si bien somos débiles, pero esta debilidad se guarece en nuestro propio corazón». Convendría también citar el ejemplo de la mítica Magdalena que ha dado pie a una nueva forma de leer los antiguos códices si es cierto que fuera la depositaria de una tradición feminista cuidadosamente ocultada durante generaciones.
En mi caso, me veo obligado a recurrir al tema de mis investigaciones para las universidades de Cambridge y London sobre las ideas neoplatónicas de quien fuera conocida como «la primera mujer moderna», por su oposición al machismo del Decamerón de Giovanni Boccaccio, con sus historietas del Heptamerón. De la corte renacentista de dos reinas de Navarra, Margarita y Juana, se atrevió a decir William Shakespeare: «Navarra shall be (será) the wonder (maravilla) of the world».

HECHOS Y DICHOS
Lo único que podría decir de las mujeres es que aquello que ellas aman se les viene siempre a los brazos. Teresa de Ávila

PROVERBIO DE ANTES
La mujeres a veces parecen estar de sobra, pero se les echará de menos cuando falten.

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Los temores y deseos son más que simples greguerías

Viernes, 9 de Julio, 2010

Michel de Montaigne

A todos nos gusta rumiar nuestras experiencias, por más que nos producen sobresaltos que interfieren con nuestra actividad mental y por eso he resuelto hoy volver a releer a mis escritores favoritos.
Supuestamente, Ramón Gómez de la Serna (1888-1963) acuñó el término «greguería» para denotar el logro de apretar ideas complejas en un mínimo de palabras, aliviando, a la vez que asombrando, como si volviéramos a oír algo que nadie nos había contado todavía. Una lectura de su colección extraída de los Clásicos del siglo XX me ha hecho revivir el humor de cuando las leíamos de mozalbetes con la sorpresa de poder redescubrir ahora mis primeras experiencias, las que nunca se olvidan: «Lo que mejora más en los supermercados son los envases», escribió, y eso que entonces eran de cartón.
Michel de Montaigne (1533-1592) juega más con sutilidades mentales que con acertijos de palabras, aunque ambos pensadores insistirán en que el esfuerzo del pensamiento es perforar las frases hasta que se les encuentre sentido, que es la labor de quien es consciente de lo que piensa. Nacido en la Aquitania francesa, Montaigne trató de simplificar la labor del filósofo con el análisis del «moi même», cuando puede aplicarse a todos y a cada uno de nosotros. Conocía al dedillo las máximas morales de generaciones, si bien más que de erudición habría que hablar de «profondeur» en lo ya escrito, por lo que las traducciones de sus «Pensées» han de renovarse periódicamente si van a conservar su gustillo de solera: «Resulta difícil no contar lo sucedido para quienes tengan buena memoria», escribió el narrador de sí mismo que «prefería hablar con los ingenuos que no hayan leído demasiado». Y viene a cuento dar frente aquí a las máximas de Woody Allen, para quien los temores del destino no eran más que juegos de la imaginación: «No temo a la muerte, aunque me gustaría no estar allí cuando suceda».

HECHOS Y DICHOS
El hombre es mortal por sus temores e inmortal por sus deseos.  Pitágoras

ANÓNIMO
Quien viva sólo de recuerdos arrastra una muerte interminable.

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Los quereres ocultos de la libertad escapan a nuestro control

Viernes, 25 de Junio, 2010

Herbert Marcuse

Estaba ya casi terminando esta crónica sobre cómo llevar a cabo nuestros caprichos cuando, mientras pulsaba las teclas del escritorio en mi ordenador, me entero de la muerte de José Saramago, un humanista de tiempos modernos, famoso por sus dichos y diretes que han levantado ampollas para quienes se imaginan que hemos llegado a cumplimentar los sueños de la libertad individual.
Pero era ya un referente al tema lo escrito por Herbert Marcuse (1898-1979), un alemán cuyo pensamiento marca un antes y un después, cuando constató que nuestra cultura occidental se ha dejado arrastrar durante siglos por lo inverosímil. Se mofaba de las ofertas de liberación de siempre, propuestas como si se tratara de artículos de mercado de rebajas, y, a través de la dialéctica del pensamiento, logró extender su teoría política al campo de las ciencias sociales. Es célebre por sus entrevistas en que mantenía que, debido a ciertos cebos atractivos, sucumbimos en las trampas que nos ofrecen, sin caer en la cuenta de que nuestra libertad la mantienen siempre controlada unos pocos.
En infinidad de ocasiones, las compañías telefónicas no nos dejan en paz o, como en mi caso, que te permita la Windows Live ID, que se ha colado en la pantalla, el acceso directo a tu correo electrónico porque sí, amenazando con que todo el arsenal informático se ponga en entredicho. Pero una mayoría no reacciona debidamente, que es lo que «esos pocos» temen, y, después de horas de peleas que pueden costar un huevo, nos tenemos que refugiar en pequeñas consolaciones del momento: «A veces, lo que pensamos nos llevará a sombras de penumbra», diría Saramago, y el «querer es poder», que se concatena con su homólogo: «coser y cantar». Para que todo tenga un final fácil, nos obligará a buscar alivio en antiguas tonadillas: «¡Ay!, ¡Ay!, ¡Ay!, ¡Ay! - Canta y no llores - Que así se alegran - Cielito lindo - Los corazones».

HECHOS Y DICHOS
Logramos con frecuencia sobrevivir gracias al mundo imprevisible de los sueños.  Fredric Schiller

ANÓNIMO
Y gozaremos de nuestra libertad a condición de no usarla.

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Blog de Jon Oria, Cultura

Homenaje de la Agrupación Fotográfica de Torrevieja a Miguel Hernández

Lunes, 21 de Junio, 2010

J.O.

El 11 de junio, la Agrupación Fotográfica de Torrevieja (AFT) ofreció un homenaje a la obra poética de Miguel Hernández en el Palacio de la Música bajo el lema «Audiovisual: Imágenes y Poemas», sumándose así a las numerosas celebraciones de este primer centenario del escritor de la Vega Baja. La lectura de los poemas se combinaba con música de fondo y fotografías originales de miembros de la AFT, además de algunas reproducciones de la vida de Miguel Hernández, que, bajo la dirección de su actual presidente, Hipólito Martín, lograron aunar poesía, fotos y temas musicales para ofrecer una nueva visión de la obra del poeta oriolano aplicada al mundo en que ahora vivimos. Más »

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La entrada en años y la sensación muda del silencio

Lunes, 14 de Junio, 2010

Charles Chaplin

A alguien se le ocurrió bajar un youtube sobre la «Philosophy of old age», mandándomelo luego por Internet. No sé si fue para que rebobinara mis días pasados o para que los olvidase. Me encantó apearme entre ambos para ver si la cercanía de mis 80 años me obligaba a revivirlos con más intensidad, antes de que se me esfumasen.
Y me vino a la memoria el caso de mi actor avorito, el londinense Charles Spencer Chaplin (nacido en 1888), que murió nonagenario, por más que nos resulte superdifícil aplicarle los dictámenes de la edad, incólume a los desencantos de la vida y disconforme con los vivientes cuando no acaban de dar de bruces con ella. Lo más significativo de sus películas, sobre todo las mudas, es que lograra decir un mucho con un mínimo de gesticulaciones, aunque su silencio fuera elocuente en la parquedad con que lo comunicaba todo: Se superaba a sí mismo callando, si es verdad que «el callar pertenece más que a nadie a los dioses», mantenía Plutarco. Y, ¿por qué no?, observaba Benjamin Franklin, pues las hormigas son capaces de contarnos todo sin necesidad de proferir palabra alguna. Yo el otro día me quedé atónito ante una diminuta araña que me hipnotizaba con su mirada, moviendo sus pestañas múltiples en las que se leía que estaba satisfecha de vivir en libertad, observando minuciosamente todos mis movimientos. Y volvió otra mañana al mismo sitio, pero no más.
Los viejos sabios chinos que ronronean cuando se comunican, decía Lyn Yutang, se envician consumiendo silencio que puede resultar antihigiénico, causándoles empachos. «Las palabras no pronunciadas, si se cantan», leemos en el trascoro de la Catedral de Toledo, «son más sabias porque sólo puede oirlas el corazón»; que nuestro Calderón expresó en aquel verso admirable: «O calla o di algo que mejor que callar sea». Sin comentario.

HECHOS Y DICHOS
Lo serio del problema no está en mencionar la edad, sino en caer en la cuenta de que se ha sido joven.  Oscar Wilde

UNO DE LOS 460 PROVERBIOS EN LA RED SOBRE LA EDAD
Cuando joven, de ilusiones; cuando viejo, de recuerdos.

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Blog de Jon Oria, Vega Baja

El tren republicano llega de nuevo a Orihuela

Lunes, 7 de Junio, 2010

J.O.

Este tercer año de la marcha del Tren Republicano tocaba el trayecto de vuelta Castellón-Orihuela, con paradas en todas las estaciones del recorrido, por lo que llegó abarrotado de manifestantes y en punto a las doce del mediodía del sábado 29 de mayo. Desde la estación se organizó el recorrido por calles y avenidas de la ciudad oriolana para mostrar la otra imagen de su poeta, el de los derechos e ilusiones del pueblo que no dio su brazo a torcer. La efeméride, tachonada con pancartas y banderas republicanas, la organizaron la Coordinadora del País Valenciano, el Ateneo Vientos del Pueblo de Orihuela, la MUP Republicana, el Partido Comunista ML y el de los Pueblos de España, con la colaboración del Ayuntamiento de Orihuela y de la Fundación Miguel Hernández. Más »

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El «apeiron» de lo indeterminado y el voluntarismo en los valores éticos.

Lunes, 31 de Mayo, 2010

Anaximandro de Mileto

Me han aconsejado que haga ejercicios de la mente con juegos de palabras cruzadas, comunmente llamadas «sopas de letras», que llegan a la base misma de la formación de términos para caldear los pensamientos. Pero esta vez se trataba de encontrar en los renglones del tablero designaciones de sabios de siempre, una lista de 30 nombres que cubrían más de veinte siglos de nuestra filosofía occidental.
Por nombrar algunos, figuraban en la lista Anaxágoras, Lullo, Heidegger, Hamilton, Scheller y Wund, y dediqué algún tiempo a sus aportaciones al tema de cómo funciona la mente; de improviso, me impactó la labor del sabio jonio Anaximandro de Mileto (610 y 650 antes de nuestra era): sus tratados sobre la gnoseología de la Naturaleza superaban la observación sensorial de los cuatro elementos en contra del dogmatismo oficial, lo que le valió que no nos llegaran sus obras en su forma original, sino a través de citas o referencias a su concepto de «apeiron» o indeterminado, que aflorará en muchas de las teorías desde el pasado hasta nuestro tiempo: Platón, sobre todo, le menciona en el kosmos abierto de las ideas que modelan nuestra mente, lo cual adaptarán muchos de los místicos occidentales, y se le percibe a través de las teorías evolucionísticas del XIX, del relativismo gnoseológico en sus formas puras, del fenomenologismo más austero, del existencialismo más radical o del intuicionismo ético de varias escuelas modernas.
Y leyendo las pequeñas citas que nos quedan de Anaximandro, uno se pregunta cómo han logrado llegar subrepticiamente hasta nosotros dentro del vientre de un caballo de Troya, a pesar de los Grandes Dictadores que han persistido en controlar la libre observación de lo que nos rodea. Yo a veces me pregunto sobre la dificultad de mantener las ideas libres de prejuicios, y a Anaximandro lo percibo muy cerca con sus observaciones sobre otra manera alternativa de ver las cosas.

HECHOS Y DICHOS
La vida de un ser humano es siempre mucho más breve que su memoria. Anatole France

MORALEJA DE UN CUENTO CHINO
La vida es tan paradójica en su desarrollo que lo malo se convierte en bueno y lo bueno se hace malo.

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Varios idealistas cultivando caprichos, se incluye a Gilbert Keith Chesterton

Viernes, 14 de Mayo, 2010

Las ideas vuelan y revolotean en el aire para poder captarlas como si se tratara de mariposas posándose de flor en flor durante las primaveras de la mente, que ocurren después de los largos inviernos en que se simula que no ocurre nada.
G. K. Chesterton (1874 - 19369) se preocupaba de mantener activas las operaciones cerebrales de sus contemporáneos, que devoraban sus dichos y paradojas sobre el ser humano: «¡No hay cínicos, no hay materialistas!», proclamaba. «Todos somos idealistas, lo que ocurre es que, con demasiada frecuencia, tenemos ideales equivocados», y me agarro a dictámenes similares de Keyserling, Unamuno, Maurois, León Daudí y Chesterton, entre una caterva de analizadores de cómo reaccionamos ante las adversidades, como si la «crisis» de ahora, que se alarga desmesuradamente, produjera otro volcán islándico bajo el hielo de quienes no tienen sentimientos profundos.
Las ideas parece que intimidan a muchos, sobre todo a quienes no saben mantener el control de la mente: «Si una idea no es peligrosa, no vale la pena llamarla idea», observaba Oscar Wilde, que se movía entre lo real y lo imaginario, agarrándose fuertemente a lo segundo, según aquella observación de nuestro filósofo Jaime Balmes, raramente citado, que apostaba siempre por el sentido común, por lo que hay que ser muy valiente para posicionarse cínicamente sobre lo que nos atañe. Es demasiado fácil aplicárselo a otros más que a uno mismo, mantenía Diógenes, que, en sus vagabundeos, no lograba dar con personas que pensasen por sí mismas, por mucho que se lo creyeran.
Las ideas mueven los mundos imaginarios, según Victor Hugo, que dio en la clave: «Lo que conduce y arrastra el mundo no son las máquinas, sino las ideas», las cuales presuponen los valores morales.

HECHOS Y DICHOS
Pon un anillo a una idea y la harás tuya.  Santiago Ramón y Cajal

ANÓNIMO
Como las ideas duran tan poco, hay que apresurarse a hacer algo positivo con ellas.

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La risa sin lógica del dinero o cómo no mofarse de uno mismo

Viernes, 30 de Abril, 2010

Woody Allen

«Reírse por no llorar», parecen sugerir los comentarios de muchos a la situación de crisis que parece repetirse periódicamente, a juzgar por los dichos desde los primeros sabios de la humanidad. Y es sorprendente observar que la mitad de la manzana estaba ya podrida en el árbol, pues las frases se multiplican cuando sale al ruedo el tema de lo guardado en la hucha: De pequeños extraíamos las cuatrenas y ochenas con un cuchillo para después hacer gracias porque nos sentíamos alegres de poder contarlo perra a perra.
Me acabo de meter en la web de Woody Allen, para quien «algo tiene que haber en el dinero cuando quienes lo poseen en cuantías pretenden disimularlo, como si se tratara de una vergüenza». Su verdadero nombre era Allen Stewart Königsberg. De origen ruso-austríaco, nació en Brooklyn, New York, en 1935; aprendió durante los años duros de su adolescencia a superar con humor la comedia humana que se representa de forma diferente a lo que nos cuentan las historias leídas u observadas por otros, sobre todo si los que sufren las consecuencias de los desenfrenos de unos cuantos notan sus risitas por detrás, dirá Woody Allen. Pero todos estos sainetes son serios, por más que nos hagan saltar a veces la sonrisa entre dientes. El dinero, diría Noel Coward, no nos proporcionará amigos, sino enemigos de mejor calidad», sin que sea un consuelo, matizaría Woody Allen, al pensar que siempre ha sido así aunque lo único que ha cambiado haya sido su refugio en los bolsillos para no ser detectado.
Las bromas y comparaciones se multiplican: «Es un papel higiénico que sólo echamos de menos cuando hay que utilizarlo», diría U. Sinclair, y nos mordemos los labios con risitas, porque no queda más remedio, cuando algunos mencionan sus prebendas como miserables, ocultando bien el resto en los baúles. Y no es que los de antes fueran más avaros que los de ahora, pues ya Séneca se divertía comentando que, aunque pensemos que el darlo todo a los pobres nos parezca el culmen de la felicidad, a poquísimos se les ocurre llevarlo a cabo. En tiempos de crisis es cuando más se habla de ello, por lo que saldrán a flote los chistes de mayor gracia: «Si ves que se tira por la ventana un banquero, no dudes en seguirle, pues aterrizaréis en un mar de monedas contante y sonante», bromeaba Voltaire ya en su tiempo, y el desfogarse de esa lacra que afecta ahora a tantos puede resultar divertido si estamos respaldados por un mínimo de seguridad, aunque a nadie consuele saber que siempre ha habido pobres y ricos, matizaba Woody Allen.

HECHOS Y DICHOS
El dinero no puede hacernos felices, por más que sea lo único que compensa de no serlo.  Jacinto Benavente

ANÓNIMO
Hay gente tan sumamente pobre que sólo tiene dinero.

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El minotauro y el laberinto sin salida de Teseo

Viernes, 16 de Abril, 2010

Sir Arthur Evans

Cavando, escarbando en mis recuerdos, me he perdido en la infinidad de callejones sin salida de mis memorias para crear esta crónica ficticia de las que afectan tanto o más que las reales, ya que son capaces de introducirnos en el laberinto de lo vivido, como cuando, con ocasión de mi cumpleaños, la música de las Cuatro Estaciones de Vivaldi lograba dar sentido a mis 79 años de vivencias a las que temía aproximarme.
Pero no dudé en bajar por la red las crónicas de Sir Arthur Evans (1851-1941) sobre los misterios de aquel laberinto que más que de Creta parecía de todas las antiguas civilizaciones, palpitando aún en monedas arcaicas, mosaicos y pavimentos antiquísimos, e incluso en decoraciones indias, pues su etimología parece dudosa sobre si su origen es o no mediterráneo, aunque parezca reflejar el pavimento sin salida de nuestra historia que no acaba de estabilizarse en un tablero de pacifismos con demora. Y volví a recordar el mito del toro en el cuadro de Pablo Picasso, un tablero gigante que se expone en el Reina Sofía, tan frágil como la paz que contornan sus astas de lidia retorciédose en quejas por la destrucción del lugar sagrado de los vascos, un Guernica que todavía sigue siendo el rompecabezas de un laberinto sin salida. Y Eugenio D’Ors precisaría que, entre los europeos, la guerra resulta siempre ser civil.
Las últimas diatribas sobre la lidia entre el hombre y la bestia de las crónicas taurinas no parecen lanzar luz sobre el sentido misterioso de las crónicas de Evans sobre las ruinas de Knossos en Creta. Y, sin seguir a Gulliver, sino más bien perdiéndonos en nuestros propios recuerdos para ver de darles sentido, pensaba que la liana que guió a Teseo por el laberinto hasta liberar a Ariadna sería más bien contra la bestia imaginaria de nuestros recuerdos, pensando que Jenofonte, cronista de las batallas en el Peloponeso, si bien discípulo de Socrates, nos avisaba que: «en las guerras, ninguno de los beligerantes sale ganando».

HECHOS Y DICHOS
«Un combate es la mejor escuela del cirujano». Hipócrates de Quíos

PROVERBIO ANTIQUÍSIMO FRANCO
En tiempos de paz se cuelga a los inicuos, en la guerra se les honra.

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La interdependencia de las palabras y las imágenes

Jueves, 25 de Marzo, 2010

Jon Burger (nacido 1926)

La correspondencia entre imaginar y hablar es tan antigua como la filosofía y uno de sus pilares, pues hasta se nos hace suponer que el límite de lo que pensamos brota del estímulo del vocablo para que se consolide antes de su desvanecimiento, y ya el antiguo sabio Pitaco de Mitilene nos advertía que «no se debe permitir que la palabra se adelante a lo que queríamos expresar».
Éste ha sido siempre el axioma entre muchos expertos que se dedican a la lectura interpretativa de obras literarias y de arte, entre los cuales sobresale el crítico inglés John Peter Burger (nac. 1926), famoso por sus programas televisivos en la BBC: «Ways of seeing» o formas diversas de interpetar y de ver los eventos y las cosas. Nacido en Hackney, al noroeste de Londres, se formó en la Chelsea School of Art: como crítico de arte, novelista y pintor, contribuyó al mundo del pensamiento con observaciones precisas sobre la concentración necesaria para ver lo que mira: «notar algo» dijo, «precede al dominio de los vocablos», aunque sin desprestigiar el pensamiento de los neoplatónicos, que se había filtrado en el prolegómeno neoplatónico johanniano: «in principio erat verbum», que luego se completaría con «y la palabra era divina».
Un vocablo lanzado al aire no vuela, pensaba Shakespeare, como si algunas palabras fueran más bien plumajes arrastrados por el viento. En mi larga experiencia como guía de aprendizaje de lenguas, siempre me ha sorprendido el trabajo de los lingüistas al distinguir los múltiples sentidos que pueda haber en muchos vocablos. Esto me ha ocurrido hoy con los diversos significados de la palabra «pendiente», aplicado a los atuendos de una persona, pues según el contexto puede igualmente significar la inclinación de una cuesta o un asunto todavía por decidir. Pero no se trata de pobreza de material significativo, sino más bien un entrecruce de sentidos que alargan, más que reducen, lo que pretendemos expresar.
¡Cuántos malgastes se producen con su mal uso y qué difícil resulta inventar sobre lo no visto o sentido! Paseando a mi perra Zuri, se me ocurrió interrogar a un ciego de nacimiento que vende billetes de lotería cómo se imaginaba las cosas y sus respuestas me introdujeron en su mundo de penumbras, haciéndome recordar algo que había leído sobre tales intríngulis: «las palabras son  capaces de unir todas estas distancias y las diferencias de sentido, por muy grandes que nos parezcan cuando las escuchamos».

HECHOS Y DICHOS
«Seeing comes before words» (el ver precede al hablar). John Peter Burger

PROVERBIO CHECO
Nuestros padres nos enseñaron a hablar y el mundo a observar

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