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Blog de Jon Oria

Ley y libertad en perfecta armonía Erasmus Rotterdamus

Jueves, 11 de agosto, 2011

Hay temas que afloran siempre, generación tras generación, sin que puedan resolverse completamente: por eso vuelven a aparecer, aunque con piel de oveja buena o de carnero rebelde.
Y es que debajo de la gamuza de charol, con gritos de «Vive la Liberté», se presiente la dificultad de definir en términos exactos en qué consisten la ley y la libertad sin caer en el desenfreno, ya que resulta difícil definir la una sin la otra, pues han de mantenerse en perfecto equilibrio para que puedan funcionar independientemente. «Sus variantes se pueden incluso aplicar al arte, a la filosofía o a la vida política, según estemos motivados por los sentimientos, por el pensar libre o por el derecho a pensar de otra manera», matizaba Victor Hugo en unos tiempos en que las revoluciones hacían zozobrar las vidas de los ciudadanos, y G.W.F. Hegel insistiría en que la Historia no era más que la conciencia de haber logrado solucionar este entuerto entre generaciones.
Si es famoso Erasmo por alguna cosa es porque enseñaba que sólo se resuelve el respeto a las opiniones de otros al reconocer que todos somos diferentes. Había nacido en el Rotterdam de los Países Bajos, ahora Holanda, en 1466, en plena campaña de Reforma-Contrarreforma que bifurcó a la Europa naciente en dos direcciones. Fue un periodo marcado por la cumbre del Renacimiento Humanístico, dentro del cual el pensador de Rotterdam brilló como una de sus cumbres majestuosas. Los lugareños le conocían como Geert Geertsen, el hijo de Gerardo, pero su nombre será para siempre Erasmus Rotterdamus, en latín, con que solía firmar sus obras por respeto a los clásicos de la cultura occidental. Es conocido como maestro de los maestros por sus célebres «Adagia» o refranes que escribía como comentarios a escritores latinos antiguos o a sus experiencias cotidianas, y se conservan más de 4.500.
Le tocó diferir de las opiniones de sus contemporáneos sobre la libertad de opinión y de los sistemas educativos, rechazando el concepto luterano de que sentirse libre implica ser esclavos de la ley («de Servo Arbitrio», escribió Lutero) y tampoco aceptaba la educación tradicional de su tiempo, que definió como «el quebranto de la voluntad», describiendo sus sistemas como «cárceles de la libertad». Resolvió el cotarro de que es imposible solucionar la «oppositio in terminis» que otros verían entre la ley y la libertad» con su adagio «La felicidad es el resultado de ser lo que uno es». Muchos aforismos latinos vienen aquí al caso: el «nequid nimis» (no te pases) o «virtus in medio consistit» (la virtud está en el término medio); por eso me encanta leer a Erasmus, ya que rechaza el trabajo que implique rutina, pues no sirve para el aprendizaje.

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Psicología canina in praise of Zuri Ivan Patrovich Pavlov (premio Nobel 1904)

Jueves, 28 de julio, 2011

No es fácil determinar lo que marca el paso a paso de nuestras vidas, pero con frecuencia las historietas más anodinas van a ser las que permanecerán para siempre en la memoria.
Llevo pasando y repasando varios días los axiomas de las escuelas conductistas más recientes, analizando casi microscópicamente a los canes a través del examen de los estímulos físicos que condicionan sus reacciones. Fue Ivan Petrovich Pavlov quien lanzó primero la pelota, y le hicieron el rebote de juego J.B. Watson, B.F. Skinner y A. Bandura en el frontón del espectáculo de los experimentos sobre los procesos mentales. Ahora los hay que la aplican por Internet al control de los caninos, rellenando webs con docenas de «you-tubes» en la pequeña pantalla, que permiten imaginar el mundo mental de las mascotas reaccionando a los cambios de un mundo siempre en movimiento. Lo extraño es que me hacen revivir los innumerables años que he vivido bajo el influjo de las mascotas y que han marcado mi vida.
Ya de pequeño, mi padre, Don Eduardo, insistía en que la conducta de los seis hermanos en grupo la debía controlar un perro ratero, de nombre Perico, que nos enseñaba a jugar tumbados en el suelo para evitar las contiendas. Konrado Lorenz mantendría que si los pequeños quieren vivir con una mascota es porque se trata «tout simplement» de recobrar nuestros paraísos perdidos, mientras que el voluntarista Arthur Schopenhauer lo aplicaba al mundo de los sentimientos más íntimos: «El que no ha tenido un perro», mantenía, «no sabe lo que es querer y ser querido», con todas sus consecuencias.
A mi última mascota -he tenido muchas hasta en colegios privados ingleses- la llamé Zuri, que para otros es Blanca, o White, pues es lo mismo. Es linda sin pretensiones, fuerte sin insolencias y valerosa sin ferocidad. Enseña a los peques de nuestro barrio a aprender el «fair play» o juego limpio, que es la base para comportarse sin violencia, y tiene el sentido del humor, por lo que no me extraña si es verdad lo que me repetía mi radioterapeuta al examinar mis placas radiográficas en el Hospital de San Jaime en Torrevieja: «compartimos con el “cannis communis” más del 60 por ciento de los genes». Si los canes se entienden mejor con los pequeños que con los adultos será porque sus IQs o análisis de comportamiento no superan nuestros cinco primeros años de felicidad. Decía el poeta: «Nuestra infancia termina irremediblemente cuando caemos en la cuenta de que somos libres». Terrible cosa es ser libre, según Lutero, sobre todo para decidirse a abandonar a un perrito en la calle.

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«Tamquam tabula rasa» Los dos niveles en la educación según Aristóteles de Estagira.

Jueves, 14 de julio, 2011

El tema se me ha ocurrido esta mañana de julio al ver las preparaciones que se hacen en Iruña/Pamplona para que los toros no se salten las barreras de la calle Estafeta. Y es que confundimos la educación con el comportamiento, sobre todo el de los más inexpertos.
El médico inglés Ronald Gibson se hizo famoso de la mañana a la noche por una conferencia de cinco minutos que apareció en todos los medios de comunicación del Reino Unido. La tituló: «Conflictos Generacionales», que ya eran «news» en el mundo occidental, pero no para él, que confundiría el tema sempiterno de los que no saben cómo funciona el sistema educativo: «¿Quién dijo que la juventud de ahora resulta indomable?», se preguntó ante los asistentes al acto y su respuesta sorprendió a pequeños y mayores: «Pues nada más y nada menos que Sócrates, el maestro de la moderación, y Hesiodo, pero mucho antes se encuentra en la inscripción cuneiforme de una vasija de Bagdad de hace más de 4.000 años».
Pero vayamos a Aristóteles, que fue el primero en analizar los niveles del sistema educativo desde el punto de vista de la filosofía. Había nacido en Estagira, Macedonia, cerca del monte mítico Athos. Reflexionando sobre los años de su niñez, recordó el entrenamiento que le dieron sus padres, mencionando la «Cartilla de madera» que llevaba diariamente a la escuela (sxoleio). Tenía que rasparla cada poco para volverla a cubrir de cera, sobre la que escribiría las enseñanzas. «Tamquem tabula rasa», como una tabla limpia definió a la mente cuando nacemos, con la primera página totalmente en blanco, sobre la que vamos anotando lo que aprenderemos más tarde con la experiencia. Su contribución a la historia del pensamiento nos muestra la otra cara de la filosofía de Sócrates, a quien completó desde el nivel creacionista el otro coloso griego, Platón. El Maestro de los Maestros, sin embargo, permaneció incólume entre ambas aguas y su «sólo sé que no sé nada» será el motus primus de infinidad de interpretaciones durante los últimos 2.500 años.
La frase aristoteliana «tamquem tabula rasa» ha pasado a ser un aforismo, de los muchos griegos y latinos que perduran en nuestras lenguas occidentales tras la desaparición de las lenguas madres sustituidas por el griego y el latín. He topado con más de cincuenta en mi colección particular, que vienen «ad hoc» (a propósito), pues los utilizamos «ad libitum» (a nuestro gusto), «velis nolis» (quieras que no), y me encanta cuando me quedo «in albis» (en blanco) cuando descansa la mente al no tener nada que hacer.

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El mundo de la música. Segunda entrevista con Angel González Martínez

Jueves, 30 de junio, 2011

Mucho ha evolucionado dentro y fuera del Grupo Coral e Instrumental «Lirica Nostra» para que sea publicada una segunda crónica de las actividades de su director, Ángel González Matínez. La primera apareció en El Periódico en diciembre de 2010 y versó mayormente sobre la música en general, a la que añadiremos estos datos sobre su director en forma de entrevista.
J.O.: ¿Podrías añadir detalles de tu vida personal y profesional que pueden interesar a los componentes del grupo «Lirica Nostra» y a a los lectores de El Periódico?
A.G.: Nací en la capital del antiguo Reino de León, donde estudié música desde muy joven en el Conservatorio, ampliando más tarde mis estudios en los Conservatorios Bruc de Barcelona, Badalona y Alicante.
J.O.: ¿Cómo definirías la música en la que llevas trabajando ya 45 años, de los cuales 16 en Torrevieja?
A.G.: Mantengo la misma definición que aprendí a mis nueve años en el Conservatorio como el arte que se expresa combinando sonido y ritmo.
J.O.: Ésto coincide con la que se viene dando desde que el ser humano lograra controlar el mundo de lo melódico. ¿Qué planes tienes para tu futuro inmediato aquí en Torrevieja?
A.G.: Quisiera implantar el coro «Lirica Nostra», con más instrumentistas y un repertorio más amplio, en el mundo lírico de la ópera y de la zarzuela.
J.O.: ¿Piensas limitarte a dar conciertos en la Vega Baja alicantina?
A.G.: Bueno, hemos actuado aquí y también fuera. Nuestro grupo está formado por cantantes e instrumentistas de 13 nacionalidades, muchos de ellos de la Comunidad Europea y de Ucrania, Rusia, Suiza y últimamente de países latinoamericanos, como Argentina, Colombia y Uruguay, que ayudan a ampliar el repertorio de «Lirica Nostra». El público aplaude zarzuelas con motivos regionales; de Torrevieja, Madrid, Murcia, etc.
J.O.: ¿Hasta qué punto piensas llevar a cabo estos experimentos a las salas de música?
A.G.: De momento, sólo hemos tocado pequeñas escenas picantes de obras del gran repertorio, pero estamos proyectando ahondar más en alguna ópera, o zarzuela.
J.O.: Además de reforzar tus trabajos de director de orquesta y coro por la ABRSM de la London Royal School, te dedicas igualmente a la composición de obras de música. ¿Podrías detallar algunas?
Á.G.: Bueno, he compuesto varias canciones tales como «Maquetús», «Calella» y «Burgos», además de obras para teatro en el Festival de Teatro Internacional de Sitges. He participado en el proyecto Cooperación Global por un Mundo Mejor organizado por Mensajeros para la Paz con una obra mía y he hecho arreglos de instrumentación y orquestación. También he compuesto música de Ópera Rock.

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El desarrollo de la palabra y la personalidad humana Eugène Ionesco (1909-1994)

Jueves, 16 de junio, 2011

Nada más admirable que observar el momento en que una persona comienza a descubrir lo que será su lengua madre o el fenómeno de quien por primera vez se sumerge en un segundo idioma, aunque sin perderse en la maraña de la pronunciación de sonidos que desconoce.
Trato de recordar la imagen de una criatura de unos 9 años que me salió al paso en un bazar de 24 horas, de cara mongólica, que me hablaba en perfecto español. Me confesó que conocía varios idiomas más, entre otros el ruso y el inglés, además de su lengua madre, el esloveno, que pronunciaba con mayor desparpajo que las otras. Y es que hoy se toma muy en serio el fenómeno del bilingüismo, pues es como una puerta al aprendizaje de otros idiomas. El control de las palabras no sólo será un medio de comunicación, sino que nos hará descubrirnos a nosotros mismos como pensantes. «Pienso, luego soy», diría el filósofo galo René Descartes, iniciador de la filosofía moderna, que bien se podría valuar como «cuando hablo, puedo descubrir lo que pienso».
Otro escritor francés, Eugène Ionesco, si bien de origen rumano, pertenece, con S. Beckett y Tom Stoppard, a la generación del teatro del absurdo, para quienes el fenómeno de la palabra pertenece al género de lo incomprensible. Es famosa su obra de teatro «La Leçon», dándonos a entender que «en el aprendizaje de los idiomas, la interacción entre el profesor y el alumno se desarrollará a través de la incapacidad mutua de darse a entender». Me ha tocado pasar por esta experiencia siempre que me trasladaba a otro país, pues, al tener que darme a entender rodeado de gentes que se expresaban diferentemente, se quebraba la idea de la interrelación del vocablo y del pensamiento, aunque me ayudara a lograrlo a través de otro idioma. Los sistemas MULTILINGUAS están, sin duda alguna, en periodo de experimentación, pues procuran aprovechar  estos hallazgos al introducir traducciones simultáneas que, en casos como el «TRADUKKA» de Google, puede servir de guía para el aprendizaje de frases, cayendo en la cuenta de que no es lo mismo el lenguaje hablado que el escrito, puesto que funcionan diferentemente.
Los pensadores de todas las culturas aprovechan el análisis introspectivo del uso de la palabra para conectar el uso de la palabra con el fenómeno de caer en la cuenta de que es a su través como llegamos a desarrollarnos como seres conscientes, y el maestro chino Lao Tse lo expresó maravillosamente en una de sus frases célebres que ya no conoce fronteras: «Las palabras elegantes no suelen ser sinceras», matizaba, «y las sinceras no suelen ser elegantes», que nos conduce a aquello de «hablo y me reconozco».

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Qué de llantos y alegrías

Viernes, 3 de junio, 2011

Me solía recitar un consocio de pesares, cuando ambos vivíamos en London, lo que se había dicho sobre los infortunios, si bien ahora que pesan los años ya sólo quedan sus testimonios en la soledad.
De Pitágoras puedo decir que ha sido siempre uno de mis enganches favoritos, porque logró simplificarlo todo a través de los números como símbolos de lo que se repite a nuestro alrededor. Hijo de un marchante de vinos y democrático por antonomasia, no promocionaba sus academias en las «pólis» o ciudades independientes griegas que permitieran oligarquías corruptas, o el «caciquismo», pues destruyen lo que él denominaba «la hermandad pitagórica». Pero es que, según él, hasta la astronomía está regida por combinaciones numéricas, considerando igualmente que hay que saber contar no sólo las estrellas sino las lágrimas, sopesándolas según la frecuencia con que se derramen. De ellas diría Blaise Pascal: «Consolaos con poco, que con poco nos afligimos».
Se dice que, de niño, Pitágoras jugaba a contemplar los mechones que cortaban de su cabellera, que, para los helenos eran cuestión de pundonor, viendo en ellos alardes de alegría o de miseria, según los tonos que predominaran: «El alma sin armonía suele sentir la enfermedad de la tristeza», decía el pitagórico, para quien la amistad es el juego perfecto de quienes nos entristezcan o nos animen a continuar bregando: «Escribe en la arena movediza de la playa», mantenía el sabio griego, «las faltas de tus amigos, pero sin mencionar su repetición, para que la mar las elimine». Es sobre todo célebre por su teorema matemático: «Todo se puede reducir a números, que son la clave de lo que en realidad nos habrá ocurrido».
Según parece, fue creador de corporaciones secretas, pero su amistad fue universal y vio el mundo como un teatro de amarguras y dichas. Más tarde le seguiría William Shakespeare: «Lloramos al nacer por tener que entrar en este gran escenario de locos», hasta que la tristeza se transforme en la gran sonrisa de tantas formas de participar en la vida. Y nada mejor que una reflexión sobre la felicidad si la comparamos con la música, pues tiene su ritmo propio y su melodía, como pensaba Richard Wagner, quien se trevió a afirmar: «La dicha no está en las cosas, sino en nosotros mismos», aunque debemos aprender a compartirla con los demás, guardando las lágrimas para nuestros momentos de aislamiento, pues se convertirán en nuestras más preciadas gemas, aunque evitando que se solidifiquen, según aquel proverbio de antaño: Las lágrimas derramadas son amargas, pero lo serán aún más las que se queden dentro.

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Las imágenes psicalípticas de la televisión Umberto Eco (1932-)

Jueves, 19 de mayo, 2011

Resulta siempre extraño considerar como normal que muchos imiten la última imagen que aparece en la pequeña pantalla. Pero las frases que he podido recoger hoy sobre el tema de la televisión me animan a tratar el tema con más rigor desde la reflexión como estado de ánimo.
Y me adentro sin más en el mundo semiótico del filósofo y escritor italiano Umberto Eco, que se ufanaba de no haber fachendeado su imagen en la televisión, pues, según él, la pequeña pantalla aminora lo que se debiera comunicar a ojos vista. ¿Será porque neutraliza los puntos de encuentro entre los seres humanos? Así parece deducirse de la lectura de su novela «El nombre de la rosa», publicada en 1980, cuyo título yo me repetía entonces para acercar a la mente el valor simbólico de nuestros mitos ancestrales. Umberto había nacido en el Piamonte y se envalentonaba de sus tradiciones y valores culturales como antídoto a las simplificaciones del mundo moderno visto a través de imágenes vacías de contenido.
No se trata de que no sirva la televisión para informarse de lo que ocurre a nuestro alrededor, pero no que se emplee para otros intereses, reflejando siempre la trastienda de quienes nos quieren meter por los ojos los productos en cuestión, que no interesan a nadie de sano juicio, pues se acentúan los rasgos del atractivo físico para no estimular nuestra autoestima y poder así falsear nuestra propia imagen ¿No será que quieren atosigarnos con imágenes psicalípticas sin que nos dé tiempo a constatar que no son reales? No es de sorprender, pues, que el pequeño artilugio cree una dependencia entre sus admiradores cuando se enganchan como si sus ojos ya no vieran más que lo que aparece en la pequeña pantalla.
Yo, al menos, no soy adicto a la televisión y mi pequeño aparato ocupa su lugar más entre mis chucherías, aunque evitando que se atreva a destrozar mi tiempo, si bien se encuentra casi estrechando la mano a mi ordenador, pero le doy preferencia a éste último por su mayor utilidad; con todo, puede resultar tan adictivo como todo lo que nos engancha sin dejarnos pensar por nosotros mismos, diría Gilbert Cesbon: «porque si nos ofrecen temas, no nos dejan tiempo para recapacitar». Y valga aquí el testimonio de Umberto Eco, quien los compara a la energía nuclear cuando dice que «todos ellos sólo pueden canalizarse a base de claras decisiones culturales». Muchos se ensañarán, sobre todo, por sus abusos, más que por lo que significan, ya que resultan el referente a lo que en realidad pasa fuera del ámbito de la infinidad de imágenes que nos rodean, creando espacios entre lo individuo y lo global.

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La luna creciente de mayo y el «wu wei» de Chuang-Tse

Sábado, 7 de mayo, 2011

Me han llegado por Internet unas aproximaciones fotográficas a los cambios de la luna que vemos aquí, pues pudieran influir en nuestro mundo de ilusiones y de esperanzas al registrar sus transformaciones de Creciente a Menguante, de Llena a Nueva.
Y no ha mucho que me sorprendió Zuri, mi perra, mirando fijamente a una Creciente, cuya estela se prolongaba a lo largo de una calle vecinal; pensé en el decir «ladrar a la luna» que cuenta hasta con un YouTube-Kudai, con literatura infantil y cantautores de los mitos orientales convertidos en horóscopos según se levanten el sol y la luna: «Tu» el Conejo, «Long» el Dragón, «She» la Serpiente, «Ma» el Caballo, «Yang» la Cabra, «Hou» el Mono, «Ji» el Gallo, «Gou» el Perro y «Zhu» el Cerdo. Los chinos trataron de congeniar los movimientos del sistema planetario, observando las sombras que produce un palo clavado en vertical.
Pero las sutilezas chinas llevan siempre a conclusiones que no tienen nada que ver con el fetichismo, pues ayudan al ser humano a observarse a sí mismo desde una perspectiva interior. El cosmos será, ante todo, armonía, lo mismo que «el saber que se sabe lo que se sabe que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe que se sabe», decía Confucio, para quien la sabiduría es, ante todo, comportamiento más que creencias religiosas, basándolo únicamente en pura observación: «Por muy lejos que nos lleve nuestro espíritu, nunca será más allá de nuestro corazón». Y mi curiosidad me condujo a hace 2.500 años, cuando presagiaban una nueva era en Occidente y en Oriente con la llegada de una generación de sabios; Tse significa en chino «el que enseña», y Chuang-Tse, el maestro carpintero Taoista, estimulaba a la «no acción (Wu Wei)», frente a las inestabilidades de tiempos de cambio similares a las nuestras, cuando el esplendor de la cultura coincide con la evolución socio-económica.

HECHOS Y DICHOS
La ignorancia es la Noche de la Mente; pero una Noche sin Luna y sin Estrellas. Confucio

SI SE QUISIERA TOCAR LA LUNA
Cuando el índice señala la luna, el bobo sólo se fija en el dedo.

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Salud con Filosofía

Domingo, 24 de abril, 2011

«Mens sana in corpore sano», Hipócrates de Cos

Estaba pensando esta mañana sobre las dos cosas que más nos pertenecen y que debemos proteger: la salud y el tiempo, si bien éste último ha de servir de control a su congénere.
Pero, una vez más, me ha servido de pauta el Google, ¡ah!, y la memoria de lo que me ha ido bien o mal. Mas cuando pienso que los chinos, como recomendaba su filósofo Mencio, se comen a los canes para mantenerse en forma y que su astronauta Shenzou lo hizo para observar mejor el universo, me produce terror tener que refugiarme en los dictámenes de los especialistas. Hipócrates de Cos fue uno de ellos y se explayaba en determinar el valor de lo que ingerimos: «que tu alimento sea tu mejor medicina». Había nacido en la isla de Cos, en pleno Mediterráneo, y se corría que estaba emparentado con el dios Esculapio, quien dictó las reglas del sano vivir. La enfermedad sería, según los médicos de entonces, un desequilibrio meláncólico o negro en la sangre que habría que curar con mejunjes de hierbas y mucha paciencia, y Platón les cita con frecuencia, anotando que el equilibrio mental era paralelo al de la salud; estas filosofías resurgen de nuevo con los herbolarios, que distribuyen energía más próxima a la Naturaleza que las proteínas del consumo, siempre bajo el lema de «ne quid nimis» (sin pasarse).
Es difícil saber quién fue el primero en utilizar el blog «Mens sana in corpore sano», aunque los historiadores lo encontraron en las Sátiras de Junio Juvenal, del primer siglo de nuestra era, para quien la salud mental sería más rara de encontrar que un cuervo albino. Pero ahora el lema de «mens sana» se está convirtiendo en la Wikipedia de las cabinas de sauna o de las carreras de camiones, con el frenesí de llegar con vida a la meta más peligrosa. Yo, en cambio, he preferido comer esta mañana un buen trozo de chorizo pamplonica, acompañado de medio vaso de chacolí euskaldún, pensando que no había que abusar de las medicinas, y Aldous Huxley no se aparta mucho al observar que «la investigación de las enfermedades ha avanzado tanto que cada vez es más difícil encontrar a alguien que esté completamente sano».

HECHOS Y DICHOS
Casi todos moriremos de los remedios, más que de las enfermedades. Molière.

MEDICINA TRADICIONAL
Los mejores médicos son el Dr. Reposo y la Dra. Dieta, de la botica del Buen Humor.

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Los libros, como las casas, se ven mucho mejor desde dentro

Domingo, 10 de abril, 2011

Thomas Carlyle (1795-1881)

No sé qué tendrán los libros que no pierden actualidad, a lo mejor porque conservan lo mejor de cuando vieron la luz primera. Se les ha llamado espejos vivos de todas y cada una de las culturas.
Así los consideraba el escritor Thomas Carlyle, cuya figura se erige como tallada en una de las estribaciones rocosas de Escocia. Se movía entre la historia y la leyenda, como el monstruo del Lago Ness. Ya de jovencito, a la edad de 13 años, se fue a pie desde su casa hasta la Universidad de Edinbourg, a 98 kms, para visitar la famosa biblioteca; su talento creció y creció en un pueblecito, Ecclefecham («iglesia pequeña» en gaelic), antes de lanzarse a la conquista de las letras. Firme en el pensar, maduró Carlyle sus ideas tallando un vocabulario digno de los héroes de todos los tiempos, y he recogido una serie de sus frases famosas que merecen constar en tabletas conmemorativas: «No sólo son héroes los que triunfan, sino los que sucumben, pero jamás lo será el que abandona el combate». Inflexible con los que flaquean, sabía ser humano con los débiles: «Un gran hombre sabe tratar bien a los que son inferiores a él». Las palabras tallan a las personas y hacen que maduren los pequeños, pues resultan ser la mejor compañía, obligándonos a que tengamos que recurrir a ellas en forma de volúmenes impresos o en ediciones de última tecnología, como recogió el nicaragüense Ruben Darío en rimas octosilábicas inigualables: «El libro es fuerza, es valor / es poder, es alimento / antorcha del pensamiento / y manantial del amor». Y al decaer la tarde cuando estoy dormitando, me encanta que cubran mis rodillas las hojas de algún volumen, imaginándome con el inventor de la imprenta, Johann Gutenberg, que estoy jugando con soldaditos de plomo para ganar la batalla que nos hace crecer dentro de un mundo no siempre en consonancia con lo que los libros tratan de enseñarnos.

HECHOS Y DICHOS
La verdadera universidad en nuestros días consiste en una buena colección de libros. Thomas Carlyle

CLUB DE LECTORES
Hasta los libros malos son libros.

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Frases de contraseña: «Errare humanum est» Lucio Anneo Séneca (4 al 65 de nuestra era)

Jueves, 24 de marzo, 2011

He topado con infinidad de frases en latín que se cuelan en el vocabulario de cada día, pero es que algunas se están imponiendo en muchos círculos de jóvenes que hormiguean a nuestro alrededor.
La primera que inicia la lista de frases estoicas «ad hoc» es nada más y nada menos que de Lucio Anneo Séneca, de sangre patricia que naciera el año 4 de nuestra era dentro de una familia romana en Córdoba, cuna de filósofos y sabios, Se le conoce sobre todo por sus apodigmas o frases sobre nuestras reacciones ante los valores humanos: Es célebre su lema ético «Errare humanum est», que se traduciría por: «es parte de la naturaleza humana equivocarse», pues nos pasa a todos, según aquello de que sólo el tonto no yerra jamás. Séneca llegó a ser el maestro más eminente de los estoicos en su coherencia, al pensar sobre la validez de los sentimientos humanos, pero no faltan quienes ven contradicción entre sus elogios de la moderación y su vida de lujo. Uno de sus discípulos fue Lucio Domicio Nerón Claudio, Emperador a los 17 años (55-68) a quien moderó durante sus primeros años en el poder, pero al serle imposible frenar sus ambiciones, prefirió retirarse de la vida pública para refugiarse en el mundo del pensamiento, y destaca como filósofo por su estilo moderado, valorando los principios de la honestidad personal, si bien más tarde le obligó Nerón a quitarse la vida, lo que él llevó a cabo estoicamente.
De Séneca se puede aseverar que contribuyó a la filosofía del comportamiento humano insistiendo en que todo principio ético ha de valorarse por ser práctico y transparente. Maestro del Estoicismo, había seguido las enseñanzas del filósofo chipriota Zenón el Citio, que vivió dos siglos antes. Ha tenido infinidad de seguidores a lo largo de los siglos como Epicteto, Cicerón y Séneca en la antigüedad y muchos renacentistas como Margarita de Nabarra, Montaigne, Pascal y William Shakespeare, se inspiraron en sus doctrinas basando los valores éticos en la liberación de la virtud. Lo curioso es que muchos grupos de ahora lo integren sus doctrinas dentro del mundo de la comunicación por consignas, formando parte del facebook o herramienta de contactos como watchword con sus contraseñas. Sus dichos suenan tan perfectamente ahora como en su tiempo, pues al escucharlos los acuñamos y se hacen tan reales como si se nos hubieran ocurrido a nosotros en ese momento: «la felicidad no consiste precisamente en lo que nos gusta, pues, como la vida que se nos escapa trozo a trozo, no nos permitirá al fin y al cabo salir vivos de ella».

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