Un paseo por la ciudad
A Torrevieja se llega buscando el mar.
Quien pregunta se encuentra primero con la plaza de la Constitución,
entre el Ayuntamiento y la Iglesia de la Inmaculada.
Con el puerto como punto de referencia, bajamos hacia el paseo Vistalegre,
donde eligieron situarse el Club Náutico, el Casino y el monumento
al Coralista.
Continuamos hacia el paseo de la Libertad, repleto de vendedores ambulantes
que muestran los papiros egipcios, las máscaras africanas, las
pulseras de Perú... una gama de exotismo que viste de color el
paseo y remonta a lugares lejanos.
Al llegar al paseo de las rocas, la panorámica no es la misma.
Antes era el paseo inaugurado en 1960, siendo alcalde Juan Mateo García.
Su relación con Juan Aparicio, impulsor del certamen internacional
de Habaneras, le dio vida al nuevo paseo.
Se ha ido la escollera antigua y un manto gris contiene ahora la fiereza
de las olas. Recién construido, el dique de terrazo y hormigón
ha suavizado la panorámica y modernizado la estética. Carmen
Pinós, arquitecto del nuevo paseo, diseñó este tramo
útil para los patinadores, paseantes y los bañistas que
toman el sol en las piscinas artificiales.
Por la tarde, los chiquillos se sientan en los grandes bancos, a la sombra
de una palmera, para saborear un gran helado de fresa. Aunque apetece
más cuando oscurece.
Los apliques iluminan la noche cálida que suena a blues, a juventud,
a deleite y apagan la noche del bregar, la de los barcos entrañables
cuyo sonido es el de la habanera, acechados por la mirada vigilante del
hombre del mar y la añoranza, sobre su eterno banco, de la bella
Lola.
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El paseo de los hippies anima las tardes de ocio. |