La música y el lenguaje complementándose

Nagi El-Habashy

Se me ocurrió una mañana de lluvia escribir esta crónica sobre el puntillismo musical, un tanto arabesco, del maestro violoncelista Nagi El-Habashy, pensando que escuchar sus malabarismos musicales me ayudaría a separar mejor mis palabras escritas del ritmo en el pensar, liberándolo y haciendo que lenguaje y sonido se complementaran, pero se trata de dos mundos que Platón describiría como hemistiquios y que se mantienen incólumes aunque giren en paralelo en torno al centro de gravedad de nuestra reflexión.
La música, por su parte, no es mero sonido ni pura danza, aunque se mueva dentro del microcosmos de nuestras percepciones cuando nos suenan y nos hacen vibrar, por lo que Platón se ensañaba describiendo los celos que puedan crearse entre la Armonía y el Ritmo.
Nagi nació en El Cairo, donde se inició su interés musical, aunque fuera en el Conservatorio de Santa Cecilia en Roma, donde se preparó para interpretar la música clásica, pasando luego a perfeccionarse en la Academia Musical de Berlín. En la actualidad, es maestro de violoncelo en la Orquesta Filarmónica de Estocolmo. Célebre por su capacidad en captar lo que intentaran los compositores, reduce a solos de acompañamiento la complicidad de músicos tan variados como Amadeus Mozart o Ludwig van Beethoven, especializándose mayormente en las grandes obras de los compositores germánicos: Brahms, Schuman, Mendelssohn. Para él, como para Wagner, la música constituye «lo eterno y lo ideal», transmitiendo un lenguaje que K.J. Weber llamaría sin ambages «el verdadero idioma universal»: palabra interior y ecos de sonidos constituirán la mejor manera de integrarse en el mundo de los sonidos.
El maestro solista Nagi pasa temporadas en Torrevieja, actuando en la Vega Baja con el grupo coral con orquesta «Lirica Nostra». Es brillante no sólo en la interpretación, sino en la manera de comunicar con otros su pasión por la música; ésta tiene que estar ya en nosotros mismos, citando a Shakespeare, si es que pretendemos redescubrirla «en el acorde de los sonidos armoniosos». Por eso no es de extrañar que el estruendo y algunas cadencias discordantes de hoy en día que algunos califican de sonidos desgasten el oído sin permitir al Pensamiento que recobre su reposo. Habría que decirles: «con tu música a otra parte».

HECHOS Y DICHOS
A la música la pueden alterar otras sensaciones externas.  Henri Beyle Stendhal

AFORISMO MUSICAL
La música es el lenguaje que danza.

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