Esto no tiene nombre nº413

Aunque es innegable que en nuestra civilización y cultura el hecho trascendente de la muerte por fin supone algo que nos iguala a «tod@s», no recibe el mismo tratamiento a la hora de celebrar las exequias del difunt@. La naturaleza y la composición de los ritos funerarios dependen de la época, la cultura, la posición social del difunto y las creencias religiosas de la sociedad. En tiempos del faraón (me refiero al de Egipto), la madre de éste era enterrada en grandes y costosas tumbas construidas mediante inmensas «obras» realizadas para la ocasión. Pero no me comerá el papel este alarde funerario, ni la flagrante diferencia existente entre los que dieron digna sepultura a los suyos, mientras parte de los otros se hallan desperdigados, enterrados por la infamia en fosas comunes, asesinados por defender la democracia de la que ahora tanto alardeamos. ¿Qué tienen ustedes que decir a aquellos que no tienen restos de sus seres queridos a los que puedan recordar a pie de tumba? ¿Qué les dirían? ¿Que vayan a rezar al Valle de los Caídos? Pues resulta que la madre de un honrado ciudadano, fallecida recientemente, las «obras» que se ha encontrado en su funeral no eran precisamente las de su tumba (la sra. merecería una gran sepultura, tanto como la de la madre del faraón o la de cualquier otro, así como un digno entierro); de tal forma y manera que los dolientes familiares se vieron obligados a despejar la entrada a la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Torrevieja de diferentes materiales: de las famosas obras de la calle Caballero de Rodas, incluida una valla que impedía la entrada por la puerta principal, porque ni siquiera la puerta lateral estaba abierta. Yo no voy a buscar culpables, eso nunca me ha servido para arreglar los problemas, todos nos equivocamos; pero lo que sí que buscaría es responsables (o sea, personas más responsables). Este ciudadano, excitado (como es lógico), me decía: «hubiese montado un pifostio del 15, de no haber estado el Ayuntamiento cerrado por ser día no laborable». Yo me pregunto: ¿en qué estaba ocupado el «cura» que tenía que oficiar la misa? Lo mismo estaba escribiendo lo mal que nos va con Zapatero o algo. El caso es que «los unos por los otros, la casa sin barrer». ¿Cómo hubiese sido la cosa, si la madre a dar sepelio hubiese sido la del faraón, o la de alguno de ustedes? ¡«Joerrr», que no vuelva a ocurrir! Sí, sólo nos preocupamos de los grandes árboles para hacer féretros. ¿Quién hubiera escrito esa bonita canción sobre «el ruiseñor y la flor»? Dª Isabel Sánchez, D.E.P. ¡Feliz tránsito y mejor destino!

1 comentario

  1. me ha gustado el contenido de esta opinión porque además de servir de recordatorio a la fallecida, pone de manifiesto las distintas varas de medir de esta sociedad en función de nuestro nombre, no con el que se nos recuerda, sino con el que interesamos en mayor o menor medida.

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