Casi todos engolfados

Debo reconocer, por activa y por pasiva, amén de la perifrástica, que estoy un tanto asustado por los acontecimientos cotidianos en sus distintas vertientes, que no sólo de política vive el hombre. Es evidente que nuestro país está inmerso en un asquerosos clima de corrupción, y que cada día hay un sobresalto nuevo, pero que viene del mismo lugar: Rita, Valencia, la Púnica, Madrid, la supuesta financiación ilegal del partido del Gobierno en funciones, del caso Noos y Urdangarín, o sea, la Casa Real, la construcción de colegios en barracones en toda la Comunidad Valenciana, Ciegsa -en nuestra ciudad, también barracón con sobrecoste,concretamente el número 4, que se sepa, además del sobrecoste del Teatro-, Serafín Castellano… y finalmente el numerito de los titiriteros y los títeres con tantos minutos en los medios de comunicación, sobredimensionando una información de forma partidista para cubrir otras noticias de mayor calado social y político. Y da una angustia vital que aterroriza, por lo menos a mí, que soy tan sensible, ay. Por todo ello, y por más, vengo a decir que debemos reinventarnos en la aldea global y en la particular, o al menos intentar recuperar valores como la decencia, la honesta financiación, la gestión transparente, el esfuerzo cotidiano, el trabajo bien hecho, el verdadero servicio público al que se debe todo político. Y mi ciudad no escapa a esto, por lo que sería conveniente hacer un esfuerzo por elaborar unos presupuestos eminentemente sociales, más que nada, porque aquí hay muchas necesidades, muchos problemas, mucha gente en precario, muchos ciudadanos pasando hambre. Y solventar estos problemas debe ser prioritario. Tela que cortar hay; vamos a ver cómo se responsabilizan los del nuevo equipo de Gobierno, que, dicho sea de paso -y sin tratar de ofender a nadie-, no van desencaminados, a pesar de errores habidos y por haber. Nosotros, todos, hemos colaborado a crear un tipo de ciudad, entre otras cosas, subvencionada y clientelar a tope. ¿Seremos capaces de superar esto?
El otro aspecto que me da pánico es la cuarta revolución industrial, es decir, la de los robots, inteligencia artificial y los autómatas, que afectará a cinco millones de empleos; la nanotecnología, los drones y las impresoras en 3 dimensiones. No sé, estoy asustado.

Óscar A. Claramunt

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