Ha vuelto el padre

Por lo pronto, la primavera no ha venido. Las palmeras siguen moviendo sus largas hojas para dejar en buen lugar a las mujeres y los hombres del tiempo de la tele, que ponen flechitas en nuestro litoral, y que significan el viento. Sí, el viento que no cesa aunque sea suave, por lo que no se van las flechitas porque no se va el viento, o al revés…
Se ha publicado ya la última Exhortación Apostólica del Papa. Nos hace una llamada a la santidad en el mundo actual. Me quedo perplejo. ¿Yo santo? La abordo con curiosa precaución y algo más tranquilo me quedo al terminar de leerla. Establece directrices para que afrontemos con criterio las nuevas situaciones que se nos plantean. La Iglesia, dice, nos ayuda. ¿Estás casado/a? Ama y ocúpate de tu marido u esposa. ¿Eres padre o abuelo/a? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Renuncia a tus intereses personales. Repasa en otro capítulo el sermón de la montaña. ¿Lo recordáis? A sus situaciones y personajes abstractos se les puede poner cara aquí, ahora y siempre. Entre otras muchas advertencias, alerta sobre el consumismo que siempre nos pasará factura, y del consumo de la información y comunicación virtuales, mejor de las redes, sin contrastar, además, que nos hace tontos y nos distrae buena parte de nuestro tiempo. Os recomiendo su lectura. Se titula Exhortación Apostólica «Gaudete et Exsultate». La firmó el 19 de marzo pasado, día de San José, celebrando el 5º año de su pontificado.
Y termino con lo de la vuelta del padre. Entrevista conjunta a Fernando Vidal, vigués, (director del Instituto Universitario de la Familia en Comillas) y Ritxar Bacete, antropólogo y vasco de Vitoria. «Alfa y Omega» del 15 de marzo.
Dicen que la equidad que ya hay entre hombre y mujer en el hogar refuerza el vínculo conyugal y es buena para los hijos que ven al padre compartiendo responsabilidades y ternuras con la madre. Ello a pesar de la funesta ideología de género que nos asola, poniendo palos en las ruedas y empecinada en diluir el ancestral modelo de masculinidad… y de feminidad, por supuesto. Y es que juntos refuerzan de manera notable el papel de la familia que debemos reivindicar. Remarco por su sinceridad una respuesta del antropólogo vasco. «Vengo de una cultura política y social laicista, anticlerical y uno de mis «debes» es la minusvaloración de la familia. Para mí está siendo un gran descubrimiento. ¡Quién me iba a decir, con lo revolucionario que yo era, que iba a estar aquí con vosotros, hablando de estos temas! Hoy estoy convencido de que uno de los elementos más capaces de generar en el mundo transformaciones positivas, pacíficas… es la familia». Y es que si el capitalismo industrial de hace más de un siglo expulsó a los padres de sus hogares, en las últimas décadas se ha producido un constante regreso, aunque hayamos de admitir, también, la influencia notable que ha supuesto la emancipación de la mujer. Congratulémonos, por tanto, de esta gran noticia… La vuelta del padre.

JortizrochE

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