La verdad, la política y el monte Tabor

Soy más partidario de la verdad que de la política, sobre todo de esa política que hace del arte de aparentar su «leitmotiv», sin que esa apariencia lleve aparejada la solidez de un proyecto de futuro, sino más bien la azarosa brújula de un a salto de mata. La política, en especial la política municipal, sólo me sirve en la medida en que es capaz de empatizar con el otro y entrar de lleno en los problemas que aquejan a una ciudad y a las gentes que en ella conviven.
En lo de la verdad y la política, conviene no hacerse trampas al solitario. No debiéramos olvidar que es más fácil asumir los aplausos que los abucheos. En resumidas cuentas, gustan más los palmeros que los críticos. Pero, como decía Molière, «cuanto más amamos a alguien, menos conviene halagarle».
Y eso me pasa a mí con este Gobierno municipal, que me tiene ganado el corazón y eso marca. Y precisamente por eso, siguiendo el consejo de Molière, dejemos a un lado los halagos, que algunos podríamos citar, y centremos la cuestión en el amplio margen de mejora que tenemos por delante.
A poco que uno hable con la gente de la calle, se da cuenta que hay un poso de insatisfacción a la hora de hablar de lo realizado en estos tres años de mandato. Una insatisfacción que, sin ser una enmienda a la totalidad, puede convertir, si no es atajada a tiempo, las elecciones locales de 2019 en las de la decepción y la cólera. Las de la decepción para esa Torrevieja progresista y de izquierda, que verá ajado su sueño de una ciudad distinta tras la larga noche de los sucesivos gobiernos de la derecha que sufrió; y las de la cólera para esa Torrevieja anclada al pasado y a la Arcadia feliz que, según la propaganda del Ayatolá del congreso, este nuevo Gobierno les arrebató.
El reto de este equipo municipal, con José Manuel Dólon al frente, no es menor. Se trataría de superar lo que de cotidiano tiene la tarea de gobernar, sea quien sea el titular del mismo, poner en su justa medida lo que de jefe de negociado tiene sobre sí cualquier alcalde y entrar de lleno en diseñar el futuro y anticipar los próximos retos para esta Torrevieja que amamos. Convendría reconocer que, en este primer envite, la burocracia en su vertiente más kafkiana casi logra engullir la capacidad de maniobra que a todo órgano ejecutivo se le presupone, llevándole a las orillas de su monte Tabor, donde todo expediente y contrato se eterniza y lleva un levantamiento de reparo en las alforjas. O rompe esa inercia o ya sólo nos quedará la nostalgia de lo que pudo haber sido y no supimos hacer.

2 comentarios

  1. «Las de la decepción para esa Torrevieja progresista y de izquierda…»

    O progreso o izquierda, pero no las dos.

    ¿Tú sabes lo que es una Nación?

    ¿Sí? ¿Qué es?

  2. Sr.No

    Para esta gente instalados en la progrez viejuna y carca, la Nación, ya lo dijo el Contador de Nubes: «es un concepto discutido y discutible».

    No debe ser fácil gobernar este territorio inhóspito de Torrevieja, ni siquiera los mas elementales servicios de aseo y conservación urbano funcionan con una cierta calidad, basuras, grafitis y paredes pintarrajeadas junto a un insoportable olor a orines de perros y heces, con unas aceras intransitables. si no funciona lo elemental, no pidamos que marche bien lo complejo.

    ¡¡¡KATXISSSS….!!!

    Salú2.

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