Caperucita encantada (1)

«Ya no tienes que ir al bosque a llevar la cestita con comida para la abuelita; se va a venir a vivir con nosotros. La casita la compraron los abuelos, cuando se casaron, y ella adora el lugar en recuerdo de su marido, pero ahora es mayor y no debe estar sola, por si le pasa algo». «¡Mamá, yo quería decírtelo», dijo Caperucita, apoyando su linda cabeza en la tripita de su madre, que esperaba un nuevo hijo, «he visto, por los alrededores de la casita, un lobo malo, que babea y se esconde detrás de los árboles, espiando lo que hace la abu, así que ella va a llenar su cesta con leños para la chimenea sólo cuando estoy yo allí, pero lleva un cayado en la mano por si acaso se acerca ese ladino bicho! ¿Cómo está mi hermanito ahí dentro?». Su madre la tomó en brazos, llenándole la carita de besos, al percatarse de que la niña actuaba como si fuese adulta, cuidando a la anciana y procurando no darle malas noticias para proteger al futuro bebé. «Eres una bencidión, hija mía. Dios te protegerá a ti, que asumes un rol inusual a tu edad. Tu hermano, aquí dando pataditas, como hacías tú antes de nacer». «¿De veras, mamá? ¿Yo también hacía eso?». «Todos los niños lo hacen». Como el destino es tan caprichoso, de pronto parecía que una maldición cayera sobre la casa y cada día escaseaba el dinero (los precios subían, el papá se quedó sin trabajo y el banco empezó a darles aviso sobre los vencimientos de las letras hipotecarias)…

Continuará…

Kartaojal

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