La Dana

Nunca me he puesto a escribir «El Campanario» con tan inmensa tristeza. Mira que la atención a lo que sucede en todas y cada una de las partes del mundo sería motivo de reflexión. Pero no se puede. No es fácil «borrar» de la retina lo que estos últimos días hemos visto, oído y leído… «sin vivirlo». Sólo de algo te enteras de primera mano. El vecino que no ha podido ir como de costumbre a Almoradí a estar con la familia o la amiga residente en Orihuela trabajando aquí y obligada a pernoctar no sé cuántas noches, por citar dos ejemplos tan sólo.
En el cauce del Segura desde Cieza, Vega Alta, hasta aquí, lo sucedido ha sido descorazonador. Pocas veces los hombres han de pensar cómo han podido sufrir tanta tragedia en una catástrofe natural… Ésta es otra ocasión de hacerlo, aunque las hemerotecas nos dicen que el río, ese río Segura al que vemos ya casi cotidianamente «enclenque» de caudal, casi una birria de río, de vez en cuando se venga de nosotros, y por fas o por nefas, se pone estupendo con inmensa grandeza, agua va, y con toda la devastación consiguiente de que es capaz. He leído por encima las efemérides. Con muchas víctimas en tiempos pretéritos. Hoy en día, afortunadamente, disponemos de más medios e infraestructuras y el número de víctimas se reduce a la mínima expresión. Ya ha sido encontrado el hombre desaparecido entre Dolores y San Fulgencio, por lo que se elevan a siete las víctimas. Recordando la «gran mancha de azul y grana» en los mapas que se nos ofrecían en TV, abarcando las provincias de Castellón, Valencia, Alicante, Albacete, Almería y Granada, es casi increíble la citada cifra. Y esa gota fría, o lo que haya quedado de ella, ha seguido su curso hacia la meseta central de la península y nos ha dado un respiro, que por ahora nos sirve solo para contemplar los efectos del desastre. Y para leer otra vez con tristeza que organizaciones, empresarios, confederación hidrográfica, ayuntamientos, etc., en sus primeras tomas de contacto se culpan mutuamente de no haber sabido, o previsto, paliar los efectos de esa letal depresión atmosférica que nos hace visitas de vez en cuando.
Por cierto, yo sí creo en el cambio climático por culpa de la gestión del hombre sobre la Tierra. Otros no. Nuestro noticiero diocesano en su último número publica una Carta Apostólica del Papa sobre el particular. Dice que debemos ser cuidadores con mimo de lo que se nos dio. Pero ahí quedará, lo digo con pena, sin que los poderosos le pongan la más mínima atención. Ahora nos quedan, para mitigar nuestro desastre regional, la solidaridad y la generosidad. La Diócesis ya tiene voluntarios que se han ofrecido para las ayudas y también coordinará a las Caritas parroquiales para que cada una en su parcela hagan con urgencia lo que están haciendo hasta ahora. Y, por lo que respecta a la ayuda económica para quien lo prefiera, no tardaremos en ser informados de cómo se han de canalizar las aportaciones.
La noticia de última hora, es ya la otra convocatoria de elecciones generales. Por lo que a nuestra zona afecta, y perdidas en su totalidad las cosechas, veremos quiénes tienen ganas de historias sin recuperar el status del que disfrutaban.

JortizrochE

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