¿Se acerca una recesión?

Recientemente, la Directora del Fondo Monetario Internacional anunciaba contundentemente una recesión del 90%, fijando el crecimiento mundial para el 2020 en un 3,6, o sea, el mismo tipo que en el año 2018, por lo que se apoya en una desaceleración económica para dicho ejercicio. En nuestro país, en el ejercicio 2018, el PIB fue del 2,4%, en 2019 está previsto para este año el 2,1%, después de haber bajado una décima el Gobierno en funciones, pero para el siguiente ejercicio se prevé el 1,9%, por lo que claramente caerá nuestra producción y crecimiento.
Pero, ¿qué es una recesión? El decrecimiento de la actividad económica, la bajada en el consumo, el aumento del paro, etc.
Se puede decir que estamos en una recesión cuando en dos o tres trimestres del ejercicio, el PIB interanual es negativo.
El cálculo del PIB, para hacerlo de una forma sencilla nos valemos de tres variables: la suma de los salarios, la de las rentas de la tierra y los beneficios de las empresas, así es que, si estas descienden y generan un PIB interanual negativo durante dos trimestres, estaremos en una recesión.
Nuestro Gobierno actual se muestra optimista y cree que a nosotros no nos va a afectar la recesión que se está anunciando en Europa, lo que ojalá sea así, pero en el mismo caso se encontraba D. José Luís Rodríguez Zapatero, y la crisis económica ya vieron ustedes cómo fue, por lo que no hay que confiarse, ya que, cuando el río suena, agua trae.
Yo pienso que nuestro Gobierno en funciones debería ser cauto a la hora de incrementar el gasto social y fortalecer los cimientos de nuestra economía, si no, nos podría pasar como en la parábola que dice Jesús: «Hubo un hombre que levantó su casa sobre roca dura, y otro lo hizo sobre cimientos de arena, así es que, cuando vino la tempestad, el primero la aguantó en su casa de construcción segura, pero el segundo vio cómo su casa era arrastrada por el agua y destruida».
De todo esto, como ustedes observarán, no hablan nuestros políticos, hechos que afectan directamente a la clase trabajadora y a las empresas, están más preocupados en vender sus votos, sin decir la verdad a los ciudadanos, pues llevamos casi tres años con los mismos presupuestos que generó el Gobierno del sr. Rajoy, hecho verdaderamente vergonzante para nuestros actuales políticos, los cuales están cobrando sin realizar su trabajo, que es el de gobernar.
La portavoz de Unidas Podemos estuvo hablando en Telecinco de la crisis que se nos avecina y de que el Gobierno en funciones no está tomando ninguna medida al respecto.
En la misma cadena y, al día siguiente, estuvo hablando un Profesor de Economía de la Universidad de Barcelona, catalán y constitucionalista, el cual manifestó que, en nuestro país la gran masa de impuestos recae sobre las nóminas de los trabajadores, la clase media y los autónomos con estimación directa; los autónomos por módulos no están pagando nada y, mientras que en este tramo recae el 46% de los impuestos, sobre los que manejan grandes cantidades de dinero a través de operaciones de capital, o sea, los que más dinero poseen y no trabajan, solamente pagan el 23% de los impuestos, por lo que él proponía subir los impuestos en todos los tramos de forma proporcional, y bajar los impuestos indirectos que son los que más afectan a la antes citada clase media y a los trabajadores.
El problema de Cataluña está afectando económicamente, no sólo a ella misma, sino a toda España, los cortes de carreteras y resto de comunicaciones hacen que nuestras exportaciones no lleguen a tiempo a sus destinos y, por lo tanto, en un alto porcentaje son rechazadas, sobre todo aquellos productos perecederos.
Yo creo que el problema catalán debe solucionarse políticamente, no con manifestaciones, terrorismo callejero y destrozo de las calles y negocios como está ocurriendo; el sector de hostelería ha perdido un 60% de sus ventas, los comercios el 70% o más, sobre todo el de las calles céntricas y, está muy claro que una gran mayoría de los catalanes no quieren que ocurran estos desmanes, pues desprestigian a la ciudad y el turismo deja de ir a Barcelona y resto de Cataluña, por ejemplo, los cruceros ya han sido desviados al puerto de Valencia.
Esperemos que la cordura y el sentido común sean las cartas de negociación de todas las partes.

Carlos García

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