Todo comienza con un sueño

Desperté tras una noche de sueño alocado. Uno de esos sueños que parece no tener pies ni cabeza. Donde parecía estar en mitad de un bucle repetido sin fin, donde todo era un «sindiós» y un sálvese quien pueda. Desperté, decía. A Dios gracias.
Se ha levantado el día con un manto de nubes grises, dejando un ambiente islandés, como de galerna norteña, sobre el horizonte torrevejense. Y no es moco de pavo el asunto. Entre otras cosas, porque este sur regala de manera cicatera el gris marengo que corona cualquier tormenta que se precie. Y para este que les escribe, con ínfulas de corsario y corazón de portero de finca, este gris violáceo le deja la sensación de ser un vikingo en viaje de guerra por los fiordos noruegos.
Ya le he dicho y escrito en más de una ocasión que no hay nada que me guste más que pasear bajo la protección del Baal de las tormentas, bajo las nubes grises de un sur tan dado a la luz y al secarral baldío musicado por chicharras.
No somos nadie cuando ruge el viento y espumea el mar sobre las rocas de la orilla. En verdad, no somos nadie, en esa ni en ninguna otra circunstancia. Tal vez por esa certeza que no me abandona, ocupe el puesto que ocupe, no deja de sorprenderme la falta de palabra y honor de algunos metidos de soslayo en la política.
Me deja los ojos como platos el nivel de algunos para dirimir las diferencias en política. No soy amigo de personalismos y no van a encontrarme ahí como palmero ni como cero a la izquierda de los oportunistas de turno, de aquellos que reclaman para sí mismos lo que le niegan como hienas hambrientas a los demás. Y, por eso, no van a encontrarme ahí, por mucho que los pelotas sin entrañas pasen por teles y radios dando palos de ciego a la verdad, contando su verdad trufada de inmundicias. Tal vez ganen ellos, o no. El futuro depende del juego de algunos en los Idus de marzo, en el lodazal en que algunos han convertido la cancha.
Mis detractores disfrutarán con estas líneas, tanta floritura para acabar diciendo nada, tanta verborrea para finalizar cantando a las cagadas de palomas. Aquí, en la soledad de una mesa de bar, contemplo el cartelito del fondo: «Todo comienza con un sueño».

2 Comentarios

  1. «No soy amigo de personalismos y no van a encontrarme ahí como palmero ni como cero a la izquierda de los oportunistas de turno, de aquellos que reclaman para sí mismos lo que le niegan como hienas hambrientas a los demás. Y, por eso, no van a encontrarme ahí, por mucho que los pelotas sin entrañas pasen por teles y radios dando palos de ciego a la verdad, contando su verdad trufada de inmundicias».

    ¿Ha dicho oportunistas de turno?
    Si no lleva cordones, puede ser «mocasines»; en cualquier otro caso: Sánchez: el peor gobernante de España desde Fernando VII

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