Otra historia real

Poder, dinero, fama, recomendaciones, discriminaciones, abuso, dedocracia o democracia, fascismo, ultraderechas, centroderechas, izquierdas, centroizquierdas, ultraizquierdas, separatistas, idealistas, internacionalistas, nacionalistas… Todos creen estar correctos o creen que dicen la verdad o que lo que realizan es por el bienestar de todos o de la sociedad, y todas esas inclinaciones son el fruto de una manera de vivir, de vivir para dentro, de vivir en sus mentes, para defender su ego sin confrontaciones ni enemigos, pero hay que dejar la mente y enfrentarse a la realidad.
Pero no todos vivimos de esa manera. Muchos vivimos con la gente, con la sociedad, como es el caso del repartidor de pan en la zona norte de España, un hombre muy tranquilo, sensible, inteligente, sociable, con un gran corazón, con una familia a la que quiere y tiene que mantener, pero como en estos días todo es complicado y delicado por la situación con el coronavirus, donde hay que respetar unas normas, quedarse en casa para salvair vidas, así como la nuestra, nuestro chófer fue a distribuir por la zona su pan, pero no encontraba un aparcamiento después de tanto tiempo buscándolo, por lo que concluye aparcar su furgoneta lo mejor que pudo sin molestar a nadie. Así lo pensó, pero de repente apareció alguien y le multó.
Nuestro amigo pensó que sería una multa de unos 40 euros y luego, con el descuento por pronto pago, se quedaría en 20. Pues decidió quedarse para repartir su pan. Revisó la multa y leyó: «200 euros». Se quedó frito, anonadado, frustrado, enfadado. Decidió irse al centro donde estaba la Policía. Habla con un policía, le explica la situación, que sólo aparcó por unos poquisimos minutos porque no había espacio en ningún sitio, y el policía, sentado cómodamente, le dice al irulense que «debería multarle con 600 euros por venir aquí a quejarse». Nuestro amigo el repartidor no medió palabra y dejó al policía.
Existen ocasiones donde algunas personas merecen ser multadas y recriminadas porque rompen las reglas, ignoran la justicia, pero en otras ocasiones debería existir un compromiso y una sensibilidad, porque este hombre sólo estaba repartiendo pan, según lo que he leído en la web.
Lo que más duele es que existen muchos trabajadores en España cobrando un salario irrisorio, temporal, nada es definitivo en nuestro país, que no les permite llegar a final del mes, una situación muy famosa en España, la de mantener al pobre siempre pobre y al rico siempre rico.

José Antonio Rivero Santana

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