Los Verdes solicitan un «mapeo» de puntos negros de la ciudad para reducir los accidentes de tráfico

El concejal portavoz de Los Verdes, Israel Muñoz, ha presentado una moción solicitando la confección de un «mapeo» de los puntos negros de la ciudad y la mejora de la señalización en calles y cruces para reducir las cifras de accidentes de tráfico. También plantea un convenio entre la Concejalía de Seguridad y Movilidad con las compañías aseguradoras para obtener más información sobre accidentes que no se elevan a la Unidad de Atestados de la Policía Local.

 

1 comentario

  1. A ver, Isra, como veo que no escribes sobre el recibo de la luz, de todas formas paso a iluminarte (iluminarte…, comprendes…?, jejeje -el juego de palabras-).
    El problema es serio, tanto que el gobierno baraja crear una empresa pública de energía y nacionalizar parte de la hidráulica.
    Palos de ciego de unos inútiles que no aciertan a preguntarse el porqué de nuestra menor competitividad en los precios energéticos, que incide en la menor productividad total de la economía, al tiempo que empobrece al conjunto de la sociedad, al perder poder adquisitivo.
    El sistema eléctrico es muy sencillo: se trata de conseguir (producir y distribuir) corriente para todos a un precio asequible en función de la demanda, que varía según zonas geográficas, actividad industrial, horario, y ciclo día-noche. La oferta depende de la climatología (viento, lluvias, sol, reserva hidráulica), día-noche, etc. Todo consiste en casar la oferta y la demanda mediante la combinación de distintas fuentes de producción a la que llamamos «mix» energético.
    Algunas de las energías renovables justo ahora empiezan a ser rentables; otras siguen sin serlo, pero todas ellas han generado un déficit de tarifa (dinero que hemos pagado para fomentar su instalación en forma de subvenciones en el pasado, pero que no hemos pagado en la factura en su momento, y tenemos que pagar ahora con sus correspondientes intereses).
    Otra parte importante del coste lo constituyen los peajes y los impuestos, hasta unos niveles tremendamente elevados en su impacto en la factura energética. Adicionalmente, pagamos todavía la moratoria nuclear que el PSOE llevó a cabo en los años ochenta, en una decisión populista y equivocada, que sólo conduce a unos mayores costes.
    De esa manera, nos encontramos con que del total de la factura eléctrica, un 43,06% de la misma se debe a costes regulados y un 13,55% a impuestos aplicados. Es decir, el intervencionismo es responsable de un 56,61% del coste de la factura, de manera que más de la mitad de la misma depende de unos elementos que no los determina el mercado y que pueden provocar, como en estos momentos, distorsiones importantes al alza en el coste de la energía y en la pérdida de poder adquisitivo de los agentes económicos.
    El coste de las renovables es tremendo y encarece de manera muy importante la factura de los ciudadanos.
    La moratoria nuclear y el no apostar por dicha energía está incrementando el coste de la factura, tanto por escasez de energías limpias y baratas, al renunciar España a la nuclear y apostar por las carísimas e inciertas renovables, como por tener que completar el mix energético con mayor cantidad de la energía de las centrales de ciclo combinado -alimentadas por gas- al fallar las renovables en muchas ocasiones en cuanto a la cantidad de generación de energía que pueden aportar. Dicho gas, marca un precio marginal máximo mayor para toda la energía. El precio de los derechos contaminantes sube -también de manera regulada e intervenida- y eso eleva más todavía la factura eléctrica.
    España no puede seguir así. Debe redimensionar la composición de su conjunto energético para abaratar la energía y hacer que nuestra industria sea competitiva, además de evitar la pérdida de poder adquisitivo de los ciudadanos. Por ello, debe apostar por energías limpias, sí, pero eficientes. No sirve envolver todo de verde si ello es perjudicial. Limpio, sí, pero eficiente. En ese punto, se hace imprescindible retomar la opción de la energía nuclear, donde España puede ser un gran productor, al tiempo que es una energía limpia y, además, segura. Los problemas que ha habido en alguna central nuclear de otros países no se debe a que la energía nuclear no sea segura, sino a que no había un adecuado mantenimiento por ausencia de recursos, como sucedió en Chernóbil, derivado de la podredumbre y miseria originada por el régimen tiránico comunista de la felizmente extinta Unión Soviética. Además, es completamente incoherente que no queramos centrales nucleares, que nos abaratarían mucho nuestra producción y nos garantizarían buena parte de nuestras necesidades energéticas, y que, paralelamente, le compremos energía nuclear a Francia para completar ese «mix» energético.
    Franco solucionó el problema con presas, nucleares y carbón; ahora deberíamos hacerlo con las renovables rentables que no exijan subvención, con la hidroeléctrica, y la nuclear (que debería haber sido instalada hace 25 años), dejando el gas tan solo para el ajuste final de la oferta y la demanda en casos muy excepcionales.

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