Julián Muñoz …«Chorizo mediático»

Este país, que, pese a quien pese, sigue siendo el mismo de botijo, guitarra y pandereta del que hablaba Machado, la última semana ha dado, informativamente hablando, un ejemplo de irresponsabilidad, desde mi punto de vista, inmoral.
Que las principales cadenas nacionales de televisión, radios y periódicos, dedicaran portadas y espacios de privilegio a la salida de prisión en tercer grado del «chorizo» número uno de España, Julián Muñoz, es un insulto al espectador y, sobre todo, a los habitantes de Marbella, que aún siguen sufriendo en sus carnes e infraestructuras las carencias del «robo del siglo», perpetrado con nocturnidad y alevosía por Julián y su camarilla de bandoleros, encabezados por Roca (apellido que ni al pelo por su proximidad con lo que contienen los recipientes con dicho nombre).
Que un espacio como «¿Dónde estás corazón?», encabezado por un engominado Jaime Cantizano, le dedique dos horas de reloj al acontecimiento de la semana, como él lo describió… ¡con un par de huevos, sí señor…! Ni crisis económica, ni niño-medicina, ni Obama… ¡norrrr…! La noticia era la salida de la cárcel de Julián Muñoz. Y ahí lo tenías, en directo, saliendo del trullo, como Jesús resucitado al tercer día, Julián en carne mortal, peinado a lo «Marcelino» para la ocasión, con sonrisa de oreja a oreja, y una corte de pseudoperiodistas que le hacían preguntas de lo más gilipollesco: «¿Duermes en la «Pera» esta noche, o corres a brazos de Isabel…?». Y él, altivo, aún tiene bemoles a decir: «¡Muchas gracias a todos…!». No sabe el muy mamón que lo que tenía que decir es «¡Perdón a todos!»…
Y todo esto aderezado con conexiones en directo con el Casino de Torrelodones, donde la reina consorte, Isabel Pantoja, daba un concierto para unos cuantos remilgados, que no tienen vergüenza de pagarle 70.000€ de vellón, con la que nos está cayendo.
Esperemos que los nuevos presupuestos del Estado hayan incluido una buena partida para construir nuevas cárceles, donde meter a todos los «Julianes» que aún quedan fuera. ¡Ah! Pero que las construyan los «chorizos» con sus propias manos, que sepan lo que es explotar a los obreros de la construcción mientras ellos se van de safari, o se pasean en sus yates.

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