El Periódico de Torrevieja nº434

Hay hechos y noticias de la actualidad que agudizan esa percepción de falta de equidad en la administración de la justicia que sienten los ciudadanos. Cuando vemos lo que se suele decir, «el mundo al revés», en algunos temas de tanta repercusión mediática es imposible no preguntarse qué sucederá en los que no se ven tanto. Vemos con estupor que han condenado, hasta con cárcel, al padre de una de las tristemente famosas niñas de Alcàsser, el que luchó más por conocer la verdad, de mejor o peor manera, porque en tal situación es posible que a cualquiera se le vaya un poco la cabeza (hace bien poco estuvo aquí, en el centro cultural, el padre de otra víctima con un espectáculo musical), pero de ahí a imputarle y condenarle, después de que perdió tanto, va un trecho. Por otra parte, está el juez Garzón, que hasta hace bien poco parecía que no había otro juez en España, o que era el único que trabajaba -quizá por eso levantaba envidias-. Todos los casos los llevaba él, incluso del extranjero, nada se le resistía, hasta que tocó temas tabú -que parece que aún quedan por ahí- y ahora se encuentra poco menos que acribillado a denuncias e imputaciones. ¿Qué está pasando? Porque lo peor es que, mientras tanto, campan a sus anchas los corruptos -que surgen por todas partes- y no se les castiga ejemplarmente, lo mismo que a los violadores y asesinos de aquellas pobres niñas. Es por eso que los ciudadanos temen dos varas de medir y no se sienten muy protegidos, ante unos intereses creados que da la impresión de que pulverizan a quien pretende saber más allá de donde quieren que se sepa.

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