Vestida de seda y tul

El 16/7/1952 fue una fecha para no olvidar en la familia González Perea, pues su única hija, Carmencita, hizo la 1ª comunión. Al cortijo acudió la familia, obreros, vecinos de la aldea y todos sus amigos y amiguitas del cole. Con ella también comulgaron otras 4 niñas; luego, a los invitados se les obsequió con chocolate, picatostes, porras y tejeringos (churros). Los hombres tomaron copitas de anisette y las señoras vino dulce de Málaga. Estuvieron un buen rato esperando al fotógrafo, y, viendo que no llegaba, Fernando, el padre de la niña, dijo que iba a buscarlo. Montó en el tractor que tenia el remolque enganchado y se fue al pueblo a buscarlo. Al poco tiempo, la gente empezó a dispersarse y muchos de ellos se fueron a sus casas, quedando nada más que las familias de las otras niñas, esperando para ser retratados. Al oír el ruido del tractor que volvía, Carmencita salió para decir hola a su padre. Él le sonrió y siguió hasta el centro del patio y allí aparcó el vehicúlo. Al apagarse el ruido del motor, vio, horrorizado, cómo todo el mundo gritaba mientras se inclinaban hacia algo caido en el suelo. ¡¡El remolque llevaba un saliente de hierro, y ese hierro chocó en la cabeza de la pequeña, dejándola muerta en el acto!! El padre, desesperado, quiso arrojarse al pozo, siendo sujetado. Desde ese día, parece que hubiera caído una losa sobre él; se fue apagando poco a poco y en 6 meses falleció, yo creo que de pesadumbre y dolor, aunque no fue su culpa. Mercedes, la madre, tuvo que soportar las 2 desgracias tan seguidas que casi perdió la cabeza, pues le dio por poner fotos antiguas de ellos por toda la casa y hablaba tanto con el marido como con la hija pensando que estaban vivos. Decía: «¡¡¡Qué guapa estabas ese día, hija mía, vestida de seda y tul!!!».

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