Sismos: Prevenir más que lamentar

Quiero compartir algunas reflexiones con ustedes después del sismo de 7,9 grados Richter que vivió mi México, durante casi un minuto, el día 20 de marzo del 2012, ya que, como ustedes, soy una gente normal y corriente que vivió, por desgracia, el sismo de 8,1 en 1985, que mató a mas de 10.000 personas, y me di cuenta de que la participación ciudadana rebasó todo lo previsto. Fue muy duro y a partir de ese día todo cambió para nosotros. Nos abrió los ojos la catástrofe y nos hizo reaccionar capacitándonos.
Nos preguntamos si está temblando más hoy en día, y el Catedrático Jefe del Centro Sismológico, dr. Carlos Valdés Gonzáles, de México, contestó que NO, tiembla igual que hace millones de años, pero con los medios de comunicación actuales nos enteramos de inmediato de un sismo o temblor en cualquier lado del mundo y eso nos hace pensar que tiembla más ahora.
Él explicó algo que vale la pena saber, un sismo de magnitud 5 libera la misma energía que, por ejemplo, la bomba atómica de Hiroshima o Nagasaki. ¿Cuántos sismos de esa magnitud tenemos al año en México? Él responde, se registra, aproximadamente, uno a la semana, por lo que se libera gran cantidad de energía en forma de sismos, y éstos -con una magnitud de cinco grados Richter- difícilmente se sienten. Un sismo cuya magnitud fue de 7,9, convierte su energía a un equivalente en bombas atómicas en una cifra cercana a 1.500 bombas atómicas.
Puedo preguntarle: ¿Va a seguir temblando, entonces?
Él respondió: «Va a seguir temblando siempre en todo el mundo. La razón por la cual tiembla se debe al movimiento de las placas tectónicas y continuará ocurriendo dentro de 10, 15, 20, 100 años, incluso hasta dentro de un millón de años. Considero, pues, que es importante reconocer que vivimos en un país que tiembla; si lo hacemos, creo que habremos dado un paso muy importante».
Esto nos hace pensar que, en realidad, deberíamos estar preparados para cualquier sismo, ya sea uno de 3, de 5, de 7,5, de 7,8 o de 8,1, como en el caso del ocurrido en México en 1985, (el cual viví y fui voluntaria que manejó el albergue Morelos en Tepito de 1.500 personas, por tres meses). No dudemos en prepararnos, porque ¿acaso sólo hay que prepararse para los más grandes, que creemos no se dan en Torrevieja? ¿Los de menor intensidad es que no cuentan? y Lorca (Murcia) ¿qué pasó entonces? Eran uno de 4,4 y otro de 5,2, no eran grandes, pero las construcciones no lo aguantaron y eso los hace igual de peligrosos. Lo adecuado es estar preparados, ¿por qué? Pues debido a que nuestra zona es sísmica y se registrarán temblores que ni sentimos, pero si lo aceptamos y nos preparamos, es un avance.
Esto no es hacer una advertencia catastrófica para la Vega Baja, no, pues casi en cada lugar del mundo existen diferentes tipos de riesgos geológicos y climáticos, a los cuales hay que hacer frente, como son huracanes, inundaciones, sequías, tornados, tsunamis… En fin, distintas causas. El mundo tiene que saber enfrentarse, no esperar que me lo resuelvan todo, eso no funciona, por eso debemos, sobre todo, dar un paso adelante PREPARÁNDONOS.
Considero, pues, que es importante reconocer que vivimos en una provincia sísmica, por ende que tiembla; si lo hacemos, creo que habremos dado ese paso muy importante, no me cansaré de decir esto.
Es muy comprensible que mucha gente tenga temor al hablar de TERREMOTOS, pero tenemos que superarlo para empezar a prepararnos. ¿Cómo debo hacerlo? Por ejemplo, en la época de lluvias, cuando cotidianamente caía un aguacero, siempre llevábamos con nosotros un paraguas o un impermeable, nos preparábamos, porque era muy evidente a lo que nos arriesgábamos si no lo hacíamos. En el caso de los sismos no es tan claro, pero todos estos acontecimientos deberían influir y conducirnos a reflexionar: Hay un dicho que viene al caso: «cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar».
Las personas deberían tener en un lugar clave de la casa, lejos de las ventanas y de muebles pesados, cerca de la salida, a mano, agua, linternas con pilas, zapatos, víveres no perecederos, una manta, tarjetas de identificación, radio de baterías y móvil. Lo menos que puede uno hacer es prepararse un poco mejor para garantizar que esa vida no se vea truncada por no haber tomado precauciones.
Los simulacros han funcionado bien en las escuelas en México o Japón, con la participación de niños y maestros. Yo pregunté a mis nietos por teléfono: «¿Sintieron el temblor en la escuela?». Y me contestaron: «Abu, yo pensé que era otro simulacro». Eso me dio gran tranquilidad, pues me di cuenta de que estaban preparados psicológicamente, pues es el punto crítico, cuando ya no distinguen si fue simulacro o si fue temblor, pierden un poco el miedo y desalojan tranquilos. Cuando tengamos ese tipo de capacitación, estaremos del otro lado. Esto no es hacerlo una sola vez, por quedar bien o por voluntad política, la capacitación o preparación es un reto de cada uno de nosotros. En esos momentos, todos necesitamos antes que nada saber dónde estoy y cómo debo actuar. Mi sugerencia es que utilicen el sentido común, por dónde y cómo debo caminar, nunca correr, debemos determinar nuestras acciones: «Lo bueno es que ya practiqué y vi que, como vivo en el tercer o cuarto piso, tardo menos de 50 segundos en salir a la calle, entonces sí puedo hacerlo». Pero yo me pregunto si emplearían el mismo tiempo si salieran con todos los demás vecinos, si el miedo toma por sorpresa a alguien que no sabe evacuar un edificio, entonces se produce el caos: corren, empujan a la gente y lo más seguro es que el terremoto no te lastime, pero el desorden sí.
Lo importante sería realizar simulacros colectivos, tanto en escuelas como en edificios públicos y en comunidades, hospitales, cines, etc., y después de capacitados seguir practicándolos por nuestra cuenta, por lo menos, dos veces al año.
Aquí tenemos una ventaja, el cableado eléctrico es subterráneo, puedes salir a la calle, no habrá riesgo a no ser que te pongas junto a una farola. Ésas son las cosas que tu sentido común debe avisarte.
Las familias pueden muy bien en casa, por la noche, jugar practicando una evacuación de su domicilio: «Vamos a hacer ahorita un simulacro», y apagar las luces (importantísimo, corta la luz y el gas cuando sientas mover o vibrar tu casa al igual que un incendio) para simular una condición real, y los niños, así como los adultos, sabrán qué hacer, conocen de antemano en dónde están, por ejemplo, los zapatos, las linternas, el agua, la manta, el móvil, la radio portátil; como ya todo estaba previsto, lo realizarán de forma mecánica y les resultará de gran ayuda, será como un juego donde todos participan y se ríen. Esperemos estar practicando algo que no nos tocará vivir, pero no olvidemos que puede ser real, y que vivimos en una zona sísmica. Si lo olvidamos, sería retroceder una eternidad.
Ojo, las televisiones deben estar seguras. Pónganlas en un lugar teniendo en cuenta que con la vibración se caen y sus vidrios salen disparados. Si no llevas zapatos, puedes no llegar a la puerta por el corte.
Una noche, acuéstate un rato junto a tu hijo, ve el techo encima de su camita y ve qué cosas se pueden caer encima de él y golpear su cabeza si llegara a vibrar. Quítalas por si las moscas, así nunca te arrepentirás de que algo lo lastime, al igual que en tu cuarto.
Me tocó una vez alguien que me pidió que alguien fuera a revisar su casa para decirle qué quitar. Le contesté: «Sólo tú conoces tu casa mejor que nadie».
Por todo lo anterior vivido por mí, me parece que realmente quien está más capacitado para diseñar un verdadero plan de acción es uno mismo, ya que en el momento que ocurre estamos solos. No hay que esperar que en un folleto se nos explique todo; esas publicaciones son muy generales, y finalmente cada persona es quien debe ajustar su propio plan de acción.
Me dio muchísimo gusto saber que nuestras autoridades tienen un plan de ayuda con este tipo de charlas y simulacros, así evitaremos lo que puede pasar en un terremoto si, por pequeño e inofensivo que sea, el miedo se apodera de nosotros y convierte el éxodo en un atolladero, y que se presenten probabilidades de que haya heridos a la entrada de las puertas por ese tipo de situación.
No creamos el dicho: «Va a temblar porque el cielo está aborregado», no, la conclusión es que tiembla cuando en cierta zona ya se acumuló suficiente energía y nunca avisa.

Amapola Prado

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