¿Estamos perdiendo también nuestros modales?

Creo y pienso que, si no me equivoco mucho, nuestro país es campeón de Europa en paro, desempleo, violencia doméstica, falta de transparencia, dedocracia, corrupción y fraude, organización sociopolítica, etc., pero jamás pensé que, en un Estado tan tradicional, tan convencional y religioso como es España, parece que estamos perdiendo nuestros modales y comportamiento. Citaré varios recientes casos:
El pasado viernes 6 de julio, acompañé, como intérprete, a un querido amigo mío a un Hospital de la Vega Baja, para asistir a una cita muy importante a las 09.00 horas de la mañana. Fuimos los primeros en llegar a la consulta, a la misma hora, pero, sorpresa, sorpresa, se dieron las 10.45 h. de la mañana, y, aunque la enfermera recogía las tarjetas de los enfermos, nunca se dignó en informar a nadie del excesivo retraso de una hora y cuarenta y cinco minutos.
En vista de ello, me dirigí a otra consulta cercana para pregutar qué pasaba con MI consulta, toqué suavemente en la puerta y una enfermera alta y con gafas, pelo moreno, salió a la puerta y le pregunté lo que yo deseaba saber.
La enfermera me contestó: «Un doctor de guardia está bajando desde arriba… Usted tiene que esperar». Fue el tono de voz el que me decepcionó totalmente, con un tono de superioridad e indiferencia, cuando, en realidad, esperaba una respuesta positiva después de la larga espera, y, como empleada del Hospital, al servicio del público, debería mantener la calma y los buenos modales. Ahí no se acabó mi epopeya esa mañana. A la salida del Hospital, vi que una señora traía un cochecito de niño, mantuve la puerta abierta para ella, la señora pasó la puerta y no dijo ni gracias. Continúo caminando hacia el aparcamiento del Hospital, y, cuando intentaba pasar por uno de los pasos de peatones en la entrada al Hospital, tuve suerte de no terminar en urgencias. El conductor del taxi, que no paró, que no dijo lo siento, parecía tener mucha prisa.
¿Estamos perdiendo nuestros buenos modales? Esperemos que no.

José Antonio Rivero Santana

1 comentario

  1. No es que estemos perdiendo nuestros modales, es que ya no los hay. Y menos aun entre la gente joven. En las familias denominadas –modernas– no se enseña a comportarse como persona civilizada y en las escuelas los profesores tienen peor comportamiento que sus propios alumnos. Comportarse de manera civilizada es hoy cosa del pasado, de los viejos. Quien más empuje, insulte, grite, te tutee como si fueras uno más de su prole y se comporte como un cavernícola tiene mayor éxito en la sociedad de hoy. Nuevos tiempos, nuevas tendencias. Un mundo que me asquea.

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