El imán (de la nevera)

Manuel Bueno
Director de Colesterol Teatro

«Eres como un imán». Plash!!, y te ponen pegado en la puerta del frigo, con una sonrisa permanente, dispuesto a recordar al que te lo regaló, como un tipo estupendo y amistoso. Como no hay pa más, el personal te trae como recuerdo de sus viajes, un imán. Y tú, vas y lo pones donde se ponen los imanes: en la puerta de la nevera. Cojones,…….tienen, los payos.
Rajoy, aunque el truhán se traslade a Monzón el fin de semana, sólo nos traerá disgustos. Ni siquiera un imán. Antonio Banderas, acarreando siempre con la momia-tafetán del más allá, no tiene tiempo ni p’almidonarse el tupé. Así que, del imán, pasa. Julio Iglesias, aportará morenez y gilipoyez juntas, para recordarnos Miami y a su padre, que era aquel señor, tan gracioso y animao, que le prometió amor eterno a Gwendoline. Nadal, vuelve siempre a Manacor con pelotas para todos y en su sitio. Fernando Alonso, que ya no pilla «botín» ni en la autopista de Murcia, te mandará «preferentemente» al Banco de Santander, pa que hagas tu primera parada en boxes, mientras pruebas directamente los «chorizos» a la sidra, antes de salir. Cuenta, también, con un sujetador de Jesulín (de él no, de sus corridas) y con un aro solidario de Gasol (Pau): te lo pones de pendiente, y hala, a la calle a jugar basket. Y, sobre todos, espera de Raphael lo mejor: estoy seguro que, si este año, viaja a Moscú por primera vez, nos traerá una ensaimada de cabello de ángel de Ras-Putín para cada uno, fijo.
¿Por qué, entonces, como se demuestra en el párrafo anterior, sólo regalan imanes la gente corriente?: a) ¿porque no tienen imaginación? b) ¿porque no tienen sino calderilla al acabar las vacaciones? c) ¿porque son cutres, por ser corrientes? d) ¿porque les importas una mierda? e) ¿por todos los supuestos anteriores juntos?.
Detallemos, ahora, después de saber algunas de las posibles motivaciones que llevan a regalar imanes a la gente corriente, el porqué en otros estamentos sociales (con otro aire) de esa manía, también, tan tópico-manchega y sin fronteras a la vez: Ejemplos:
Un psicólogo (argentino) te regalaría un imán con el deseo encubierto de una futura unión (si puede ser sexual, mejor, pero sin dejar de pagar la consulta, claro está) del donante con el receptor (te quiere frungir, amor, y lo hará en cuanto le des la espalda; bueno, por delante también lo haría el hijo de puta).
Para un banquero, el imán, simboliza la misma necesidad que tiene una sanguijuela cañera: estará pegado a ti y a tu nevera, hasta que te saque la última gota de sangre (si tienes rabo de toro dentro del frigo, se lo zampará igualmente también).
Para un charcutero, el imán, significará poder mantenerte en el recuerdo de una obsesión: «siempre que compres en mi establecimiento, no olvides guardar la carne roja en el congelador (porque se joderá toda y tendrás que volver a comprar más)».
Para un médico, el imán es el sustituto de su «fonendoscopio» (sí, el aparato ese que llevan colgando): les encantaría tenértelo puesto, permanentemente, por delante o por detrás (vamos, como el argentino de antes. Qué obsesión la de este gremio, por dios!).
Cuando un arquitecto te regale un imán, será como esa señal intermitente, que verás todos los días en la puerta del congelador (parte de arriba), recordándote la necesidad de esa segunda vivienda, que todos deberíamos tener en Baqueira Beret o Torrevieja, dependiendo de tu inclinación natural de si al monte o a la urticaria medusiana.
Para un científico, un imán será simplemente un imán. Punto. Que no es poco.
Después de estos datos (rigurosamente contrastados, por supuesto), avisaos estáis, regaladores y regaladoras compulsivos de este ruin artefacto: si seguís poniendo un imán en la vida de los otros, habiendo leído ya el mundo entero estas sabias y clarificadoras líneas, el impacto que se producirá en el intercambio de objetos ya no será el mismo. A partir de este momento, habrá cambiado todo para siempre. Ahora, cada uno de los obsequiados tratarán de saber a qué coños os dedicáis, para interpretar correctamente vuestras intenciones.
A partir de hoy, un imán no será ese inocente e inútil objeto que se expone indolentemente en la puerta de tu nevera, no. A partir de hoy, ese imán te hablará y te dirá, exactamente, qué es lo que el mundo de ahí fuera está esperando de ti.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*


*