Contar las horas

Llega la noche tras el primer atardecer eterno de la temporada. Son las 21:30 h. y aún se resiste el ocaso a dejar paso a la luna.
Escribir es a veces un pequeño suplicio. Sobre todo, cuando tienes un plazo de entrega que no puedes soslayar o alargar a tu antojo. Y pasa entonces lo que pasa: que el poco talento que uno atesora le da por tomarse vacaciones y la liamos.
Por poner sólo un ejemplo, en el breve recorrido que va desde la primera frase hasta este punto han pasado una cena, un telediario, un capítulo de «House of Cards», seis horas de sueño y un amanecer inmenso. Y aquí estamos, en la mesa ajena de una cafetería del centro escuchando una crítica a la última temporada de «Juego de Tronos», tratando de acudir a la cita con ustedes con algo más que un texto balbuceante, con algo más que este tramposo juego de contar las horas.
He de confesarles que el otro día me lleve una de las mayores decepciones en términos de orgullo literario. Lo único que me sostiene a pie de línea, asomado al abismo quincenal del negro sobre blanco, es que el ganador era el mejor de mis amigos, compañero de estas páginas y maestro del arte de contar la realidad. Sí, les hablo de Óscar Albaladejo Claramunt.
El tema es que el otro día una lectora de este medio se nos acercó y, sin anestesia ni nada que lo sustituyera, sentenció: El último artículo de Óscar, de diez. Pronunció el diez como si describiera el cielo. Luego se volvió hacia mí y disparó: el tuyo, un cinco. El cinco me sonó a fracaso estrepitoso. Desde ese día no he pasado de escribir la lista de la compra.
Y esta semana ha llegado el Circo «La Alegría» a la ciudad. Suena por el hilo musical el tema «Hallelujah» en versión de Sette Voci.

1 Comentario

  1. Rodolfo, no enmudezcas por el imprudente comentario de esa señora, que pretendía más alagar a Oscar que vilipendiar tus composiciones, porque es palmario que escribes entre muy bien y más allá, y a mi me gusta leerte. A veces exclamo ¡qué pena! cuando veo que la sobresaliente prosa no ha evitado que las querencias te deriven hacia playas sectarias. Pero el tiempo enmendará todo… y mientras tanto te lanzo dos retos. Me interesa saber tu opinión sobre ellos siempre que me prometas que no mirarás el argumentario socialista, muy pobre, dicho sea de paso. Háblanos de Venezuela, tierra hermana y que se quiere, donde canarios de todas las islas (la Lanzarote de mi querida Fela también) pueblan cada rincon. Y háblanos de Rubalcaba, del de antes de su óbito, no del que ha presentado estos días el aparato socialista, sino del que ya nadie quería llamarle.

    Espero tus lineas con confesada ansiedad.

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