Hacia un nuevo equipo de Gobierno

Cuando salgan estas líneas a la calle, faltarán muy pocas horas para que las urnas democráticas hayan hablado, para que los ciudadanos hayan podido depositar sus votos, a veces con trampas y otras con cartón. Pero no todas las formaciones hacen trampas, vamos a dejar la fiesta en paz. Por ser respetuoso con el juego de la democracia, y con los momentos obligados y legales de reflexión, no voy a inclinar mi voto desde estas páginas para que después nadie pueda decirme cosas raras, aunque las dicen de todas maneras y formas, unas más abruptas que otras, pero ése es el juego al que se expone quien escribe, mejor o peor. Pero, en honor a la verdad y a la justicia social, y a la justicia democrática debo decir (aunque ya en su tiempo escribí y publiqué un modesto ensayo sobre lo que pasó durante mucho tiempo en la ciudad) que imputar a un equipo de Gobierno, sea del signo que sea, o sea compuesto por distintos signos, todo el devenir de la ciudad, adonde ha llegado esa castigada ciudad, desde luego, no es de recibo para nadie. Y menos para mí, que he sido testigo directo a pesar de los pesares. Creo que durante treinta años, aproximadamente, y gestionando mucho dinero, mucho, mucho, no se han hecho las cosas de una forma correcta, a mi juicio. Se ha despilfarrado mucho, mucho dinero en cosas innecesarios y sin criterio a largo plazo. Ha jugado y primado más el cortoplacismo, el sabio refrán de «dos para ti, dos para mí y una para el portugués»… Y, realmente, de aquellos polvos, estos lodos. Es obvio que estos cuatro años de experiencia novedosa de mandato municipal han tendido sus luces y sus sombras, sus errores y sus aciertos, sus dificultades y sus sobresaltos. Faltaría más. Pero aún así, a mi juicio, ha sido una experiencia política que va a ser difícil de olvidar para los torrevejenses. Y sigo creyendo que no haya sido tan «ruin», por cierto. Bueno, lo deseable es que el nuevo equipo de Gobierno, y ojalá que nadie tenga la mayoría absoluta, marque el camino de pactos por mejorar esta ciudad que ya está sin alma, desde hace mucho tiempo. Y que sea para bien de futuras generaciones. Así se verán premiados en la tierra como en el cielo. Suerte para todos, y que reine la convivencia.

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