Otra historia real: Una mentira en el mar

Corrían años muy complicados, muy difíciles, muchas guerras y los israelíes estaban enfadados con su vecino Egipto.
Era una maravillosa mañana en Gran Canaria, Las Palmas, Islas Canarias, en España, donde el firmante de esta historia estaba cumpliendo su servicio militar obligatorio desde 1965 a 1967.
La alarma sonó en una de las barracas de Infantería de Marina, en la base naval de Gran Canaria. El capitán de la compañía llamó a los soldados, a los que les fue comunicada la urgencia de enviar una sección de treinta y un soldados, 31, al Puerto de Gran Canaria, para defender la tripulación del supertanque llamado Lunkus, que había sido atacada, abusada y amarrada con cuerdas en sus oficinas y camarotes.
Aparentemente, el supertanque fue desviado de su ruta debido a la guerrra entre Egipto e Israel y, por dicha razón, se les ofreció a los trabajadores doble paga por la desviación del buque y doble trabajo.
Nos trasladaron al puerto en un mini-autobús, armados con nuestro uniforme militar de entrenamiento y un Cetme ametralladora, pero con la orden de no disparar, sino denfendernos una vez nos las arregláramos para llegar al tope del supertanque, donde los sublevados nos esperaban con cuchillos bastante largos y peligrosos y botellas rotas en el tope del supertanque, y aunque intentamos mediar para evitar la masacre, nada funcionó.
Los treinta y un soldados infantes de marina nos las arreglamos para llegar al tope del supertanque y fuimos recibidos con un ataque en masa por parte de los hombres de color, trabajadores del supertanque.
Comprendiamos la razón que los trabajadores en el supertanque defendían, pero nuestra obligación era liberar a los atacados, sin usar nuestro Cetme ametralladora.
Comenzamos la defensa de la tripulación a las dos de ese día y finalizamos a las doce de la noche. La Policía Nacional tuvo que intervenir recogiendo a los heridos sublevados y amarrarlos para bajarlos a los mini-autobuses que estaban esperando en la base del puerto, y luego al hospital, donde también algunos de nuestros soldados heridos fueron llevados para ser atendidos.
La noticia de este serio incidente fue publicada en los periodicos locales de Gran Canaria. Afortunadamente no hubo víctimas mortales, lo que fue un milagro debido a la sangrienta lucha.

José Antonio Rivero Santana

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