La memoria histórica de José Boj Quesada

Reciba como réplica a su carta de la semana pasada lo que sigue a continuación. Pero antes de empezar a leer, le ruego que deje de levantar los polvos que cubren la desgraciada historia reciente de España a conveniencia de su discurso. Reflexione, por favor: con que caigan cuatro gotas ya tenemos un lodazal. ¿O comparte vd. la misma opinión que expresa Dolores Ibarruri en la cita que incluyo más abajo?
La cifra total de los fusilados en Paracuellos posiblemente no podrá saberse nunca con absoluta precisión pero (…) rondó una cantidad cercana a las cinco mil personas.
(Vidal, C.: Paracuellos-Katin. Un ensayo sobre el genocidio de la izquierda, Libroslibres, 2005).
Hoy es indiscutible la culpabilidad directa de Santiago Carrillo y, más extensamente, del Partido Comunista de España en los crímenes de Paracuellos, Torrejón y otros lugares de la provincia de Madrid (…). Es algo que señalan sin ambages historiadores pro republicanos como Gibson y Cabanellas.
(Esparza, J.J.: El Terror Rojo en España, Altera, 2007).
No resulta extraño que, como ha señalado Carlos Semprún Maura, Carrillo reconociera en el exilio y «off the record», su responsabilidad en las matanzas de Paracuellos. Sin embargo, si bien es cierto que Santiago Carrillo se mostró como un eficaz ejecutor de los planes de exterminio, las responsabilidades no recaen sólo sobre él.
(Vidal, C.: Paracuellos-Katin. Un ensayo sobre el genocidio de la izquierda, Libroslibres, 2005).
(…) le pregunté a La Pasionaria cómo se imaginaba que las dos mitades de España, separadas entre sí por un odio tan abismal, pudieran vivir otra vez como un solo pueblo y soportarse mutuamente. Entonces estalló todo su apasionamiento: «¡Es simplemente imposible! ¡No cabe más solución que la de que una mitad de España extermine a la otra!».
(Schlayer, F.: Matanzas en el Madrid Republicano, Altera, 2006).
Me permito ahora retocar el último párrafo de su carta, del que sólo cambio unas pocas palabras: «En otro país, estos políticos con nombre y apellidos habrían sido juzgados al retornar la democracia. Aquí, la losa de la amnesia cayó sobre ellos. El destino se portó injustamente con ellos».
Y si quiere vd., podemos seguir releyendo libros y extractándolos, que siempre encontraremos hebras de paja entre las páginas para poderlas meter en el ojo del otro. Y, de paso, así conseguimos aburrir a los demás con discursos de idiotas.

Juan Carlos Cecilia Canales

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