Premio de Novela de Torrevieja 0 – Real Madrid 0

Manuel Bueno
Director de Colesterol Teatro

Un premio suele ser un reconocimiento a alguien que dedica su tiempo, esfuerzo, vocación, habilidad o talento a una tarea. Suele servir de estímulo y nos promociona individual (el ego crece), social (los de alrededor nos admiran) y económicamente (compran camisetas con nuestro nombre o visitan nuestro pueblo). Pero, sobre todo, en este mundo indómito, mercantilista y cabrón que nos abduce, para lo que sirven los premios es para vender. Sí, vender cualquier objeto, el que sea, con nuestro rostro de idiota ganador (solemos salir con caras demasiado tensas, demasiado sobreactuadas, respecto a la felicidad que se supone disfrutamos en ese momento) plasmado en él.
Hay premios que ganamos por haber aprendido algo (hemos hecho pis en el solar de al lado y no en el comedor de la casa; entonces, a nuestro amigo ladrador se le da una galleta -de ésas especiales para perros- y punto). Otras veces, nos gratifican emocionalmente (alguien ha escrito esa extraordinaria novela que estamos leyendo y además, nuestro hijo, que acaba de entrar en casa, ha dejado por primera vez las zapatillas deportivas, que se acaba de quitar, a la fresca para que se aireen). Si nuestros jefes (sí, los políticos y los otros), acuerdan subirnos el sueldo 2 puntos por encima del IPC (aunque, raquítico premio), pues que también nos lo tomamos como tal.
Existen tantas clases de ellos que estaríamos hablando de tipos de premio hasta el día en el que se diera el próximo de Novela de Torrevieja o en el que el Real Madrid pasara de octavos, para variar. En fin. Pero, como de alguno en especial habrá que hablar aquí en este articulillo, que para eso estamos, pues yo (que para eso me pongo) he elegido el premio que recibimos cuando nos decidimos a competir en algo o por algo. Eso es, cuando nos apuntamos a un torneo de mus (que nunca ganamos porque siempre elegimos a la pareja chunga), llegamos tarde a cenar a casa, luego hay bronca y esa noche no se f… O se hace con más ganas, para compensar la otra metedura de pata. Bueno, cada uno que lo resuelva como pueda. Seguimos. No, no me disperso, es que quiero coger al alcalde y a Florentino por las pelotas (figuradamente hablando) y no es fácil, no creáis. Bueno, también podría suceder que estos dos sean hombres de paja (ahora no hablo de sexo) y que haya otros, detrás (sí, como los ventrílocuos), que son los que verdaderamente les «pasan» las brillantes ideas sobre Premios de Novelas y fichajes galácticos, no sé.
A lo que voy: con dinero, uno puede comprar un adoquín, una farola, un manojo de acelgas o unos terrenitos de aquí al lao, que ahora están baratos y se me antojan a mí pa plantar brócoli. Dicen que Florentino manda pagar a Cristiano, Kaká, etc. (con su dinero, el de los bancos y el de los socios) y que Pedro manda pagar el Premio Novelamen solo con el de los «socios» (contribuyentes, que se dice). Pues no sé. A lo peor sí, a lo mejor no. Y como yo no entiendo de cuentas, que trabajo de peón (sí, el de delante de la dama) en este ajedrez loco de las finanzas, pues que lo aclare otro. Lo mío es la literatura, que «pa» eso escribo (y no lo hago mejor, porque estudios tengo los justos) y viajo, «pa» ilustrar lo que escribo, y doy bronca con mis obras de teatro, calificadas de alternativas no sé por qué ni por quién. ¿Que clásico no soy? Pues no, o sí; no sé, depende si me califica mi sobrino Rubén, que me quiere, o un concejal de Obras Públicas, que suelen ser muy suyos (¿y quién no?).
Yo me clasificaría como «canterano». Sí, de la cantera. No de picar piedra, no (o sí: escribir es como intentar sacar el mejor mineral de una montaña informe, que se te presenta a diario ahí enfrente); sino de la otra, de la otra parte del significado de cantera: ¡eso es!, como la que apenas tiene el Real Madrid y anda «sobrao» el Barça. Pues eso, que soy de mi propia cantera (la madrileña: he nacido allí) y luego, de la de Torrevieja (llevo 12 años viviendo y haciendo teatro aquí). O sea, que en Torrevieja somos algunos los que escribimos y vamos haciendo poso para hacer algo de literatura en esta nuestra comunidad. ¡Pues muy bien! Ésa es la clave: si, después de algunos años, el número de escribanos/ientes fuéramos una cantidad importante y hubiésemos ganado en calidad, humanidad y prestigio, pues * *  entonces sí, y no antes, podríamos pensar en fomentar este arte, a traves de un premio (modesto) literario con el que poner de manifiesto que «la cantera» de torrevieja es la base de algo que ha llegado el momento de impulsar: los autores literarios -la cultura literaria-.
Lo de ahora, lo de Florentino y Pedro, que compran a golpe de talonario sus figuras (futbolísticas y literarias) para hacer (caja) una llamada al público, para que asista al Bernabeu y a los apartamentos playeros, es el mundo al revés. El resultado está ahí: pérdida alarmante de capital, fracaso en la obtención de resultados, frustración de los socios y militantes (en nuestro caso, de Torrevieja, del PP) y fuga final de aficionados, veraneantes y votos en unas futuras elecciones de mandamases, que están a punto de caer.
Resumiendo: ¿Que qué «coños» pinta Torrevieja haciendo de avalista de un premio (fuera de lugar ya por su cuantía) que no está sustentado ni tradicional, ni intelectualmente por sus políticos y habitantes? ¿Para vender más casas, ahora que se están yendo los guiris jubilatas y los inmigrantes currantes de la constru? ¿Cambiamos cultura por casas baratas en la playa? ¿Sí?, pues señores, dueños de nuestro tiempo, de nuestros impuestos y de nuestras vidas en general, pónganse a la tarea que implica dicho cambio y: construyan escuelas decentes, reciclen y estimulen al profesorado de siempre, aporten material docente en cada aula, respeten y hagan más digna la profesion del enseñante para que nuestros hijos no huyan de las clases, sean adolescentes bien formados, aprendan aquello que les haga sentirse orgullosos de ser hombres y, finalmente, para aquellos que desarrollen, dentro de sí, el arte de escribir, inventemos un humilde premio, para que no olviden jamás que ser humilde no le aleja a uno de la sabiduria y el placer de vivir.

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