El Periódico de Torrevieja nº480

Teníamos siempre la idea de que todo iba cada vez a mejor. Después de ver a nuestros padres y abuelos, la vida tan dura que tuvieron, íbamos observando que, con los nuevos inventos, estudios e investigaciones, se iba avanzando progresivamente y mejorando sensiblemente. Los avances en la industria, el comercio, la medicina, etc., iban logrando una mayor calidad de vida en general. Sobre todo en el último siglo, es constatable y evidente. Pero he aquí que hemos llegado actualmente a una situación en la que nos encontramos en una caída tan brutal y vertiginosa que nos llegamos a preguntar ya muy seriamente: ¿qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos y nietos? ¿Hacia dónde nos están llevando? Se están perdiendo todos los derechos adquiridos durante años, tanto en educación, como en sanidad, o en el trabajo, y se nos está agobiando a impuestos y subidas de todos los servicios, hasta los más elementales, de forma que vamos a llegar a la situación de los años aquellos de la postguerra en los que sólo los que tenían dinero podían permitirse ir al médico, acudir a la justicia o dar una carrera a sus hijos. Alemania ya está ofreciendo trabajo a nuestros jóvenes y no sólo a los que tienen carrera, sino también a los obreros, como entonces. Mientras tanto, vemos estupefactos que la justicia no actúa con los que nos han llevado hasta aquí. Con lo pronto que está en la carcel el electricista que robó el «Códice Calixtino», y los que se han llevado tanto, ¿por qué nadie devuelve nada? Todos esos seres, incapaces de pensar como personas antes que como políticos. Ésos que no conciben que alguien pueda tener valores, si antes no les enseña el carnet de su partido. Que se han estado aprovechando, sin pensar en ningún momento en la sociedad que les había elegido y creído en
sus promesas -que ya habrán comprobado que eran palabras huecas- sin dudar. Han manipulado al asociacionismo a su antojo, utilizándolo para su beneficio. En definitiva, han pervertido la democracia, usándola sólo cuando les ha convenido, sobre todo para los discursos, pero nunca, si nos fijamos, para aplicarla realmente.

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