Batir récords?

Manuel Bueno
Director de Colesterol Teatro

Puestos a batir, yo prefiero batir huevos; para hacer mayonesa, sí; derramarla por la ensaladilla, también, y, si la rusa quiere, y decide hacer exótica la mezcla, pues que andando, que las Perseidas nos esperan una noche más entre las sábanas del firmamento, amén.
Bolt, Usain (Jamaica) bate distancias a ritmo de reggae Bobmarliano.
En Cádiz, los monos y sus colas (de coches, no de monos) baten también la paciencia del «peñonero» currela con las moscas aduanocojoneras de un Margallo «hormigonao» y güevón que ni fija, ni «frunge», ni da esplendor académico a un Peñón pirata y picardiano, llamado «Gilibraltar».
Nadal, también. También, qué?…pues eso, que este verano se ha sacado el calzoncillo de la parte de atrás (sí, del culo) más que otras veces, lo he visto, me he fijao. Sí señor, ha batido récord de «me lo saco de la raja», atuso bandana, pongo cara de amargao, bola de set, y partido otra vez. Qué monótono, no? (Frase primate-musical para mi amigo Rafa por su número dos).
Y, Mariano, cómo no?, rompe y rasga con sus récords de cara de culo sin presencia ni eficiencia, sosez, tocapelotas (rascabolas, diría Rafa), soplagaitas, aburridor, mentiroso, barcenoscópico y gurteliniano como Dios manda.Y así hasta un millón este verano, ya ves.
Y, ahora, qué? Pues nada, supón que tu habilidad te lleva a ser Guinnes de los que parten piñones con el entrecejo, mientras solucionas un cuadernillo de sudokus, entre las 3 y las 4 de la tarde en un mes tan cabrón como este. Ya te digo yo, anticipándome como un gurú, que tendrás suerte si la Asociación de ardillas de La Mata (Torrevieja) te reconoce cierto mérito al respecto. No sé. Para el resto del personal, sigues sin existir, querido, ni una triste línea para ti. Me juego un güevo.
Todo cambia si eres el más rápido de aquí a cien metros, si pasas mas bolas que nadie por encima de la red, o cuelas un balón en un aro, portería o taza de WC improvisada en el Nou Camp. Todos te dirán que eres güai, el mejor, y es posible que encima te den un montón de pasta (batiendo récords) por ser así.
Por qué por los piñones no y por las bolas de Nadal sí? Escala de valores asociado con el marketing, esa es la respuesta. Hace no muchos años el tenis y lo de las ardillas estaba en el mismo nivel de aprecio en el escalafón de apreciadores varios. Pero la vida fluye, el caudal también y el dinero más. Sólo hizo falta que un broker apoyador inflara el ego de esos pasabolas y convenciera al mundanal ruido de su valor existencialmente lúdico. Cuando esto pasó, puso vallas al campo y empezó a cobrar la entrada. Está claro que el de los piñones no conoció a un tipo tan glamouroso y listo como el de Roland Garrós que le vendiera el producto.
Correr, volar, nadar y todas esas acciones derivadas de las posibilidades propias del ser natural que fueres, es magnífico, divertido, saludable, se diría que uno buscara el éxtasis en ello, trascender. Pero no, disfrutar o trascender no lleva implícito batir récord alguno. Simplemente se trata de probarse, expandirse, crecer. Así pues, el día que nos demos cuenta que partir piñones y pasar bolas por encima de una red es igual de intrascendente, es posible que, si nos hemos entregado mucho a intentar perfeccionar cualquiera de las dos cosas, tengamos una sensación de pérdida (de tiempo) irreparable.
Si hay algo que superar, alguien a quien batir,…es a «la falta de ganas» y a los chorizos que la provocan. Sí, porque nada está escrito. Nadie sabe donde se encuentra el camino a seguir. Por lo tanto, los valores que nos graban a fuego hay que cuestionarlos permanentemente si queremos sentirnos vivos.
Vemos como sólo los que dictan leyes y normas salen adelante. Los bankeros manguis van sobrados porque al resto nos falta lo que ellos se llevan de más. Nos engañan desde siempre. Sus mentiras nos secan la fe y nos vacían la nevera antes del día 10 de cada mes. Estamos comprobando que nada de lo que nos «vendieron» funciona. Hasta los «chinos» son más fiables que las recetas de los que siempre nos ocultaron que la vida nos pertenece a todos y cada uno de nosotros. Esos que se inventan los falsos récords a batir (de austeridad y pobreza) por todos, para embolsarse ellos las ganancias, no son sino saqueadores de granero y flautistas de Hamelin reciclados.
Dicho esto, propongo respirar tan solo el aire que mueva nuestro propio destino, vivir con la dignidad y el equilibrio que emana de nuestro irrepetible universo, crecer libres (de impuestos mafiosos) y sensibles a todos los demás seres vivos que nos acompañan en este jodío planeta. Atrapar cada día como si fuera el último. Cada momento el único. Cada alegría, con nuestra gente y en nuestro jardín (de todos y de nadie a la vez).
Conclusión: de una vez por todas, los putos récords nos los vamos a pasar por los huevos, para, después, con sal y limón, hacer una mayonesa indigerible para todos estos listos que no tienen sino una triste batidora donde batir su tedio y sus ansias locas de jugar con nosotros al teto.

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