Torrevieja cerrada a cal y canto. Crónica abierta a los lectores

Desde este rincón de El Periódico, y como el presocrático Diógenes de Sínope, observando cínicamente desde el interior de una tinaja la información de una Torrevieja que yo conocí por primera vez en los años 70, aunque claramente no se trate de la misma ciudad: En aquel entonces parecía un tablado de ajedrez con casitas bajas y luminosas que han ido desapareciendo al convertirse parte del centro de la ciudad en masas aglutinadas de calles donde apenas sí penetra la luz del sol.
Pero vengamos al caso, porque después de unos lustros de convivencia en uno de los barrios que quedan con edificios de planta baja, se nota que se cierran las puertas al paso de los extraños, entre los que me siento incluido, pues hasta sufrí insultos e improperios al concederme un tribunal de Valencia la placa de minusvalía con un aparcamiento. Y es que últimamente el consistorio del Ayuntamiento se ha negado a concederme la «paguita de caridad» como en años anteriores «por no presentar la documentación requerida en plazo», que yo he interpretado como negarme a formar parte del grupo de privilegiados que se agachan para salir en la foto oficial. En cuanto al pago del agua y servicios de limpieza, me los han negado y hasta me han pedido fotocopia de la escritura de mi casa con un certificado de aparejador de más de 100 euros no recuperables y un pago de 34,11 euros para poder lavarme la cara más barato. Thank you very much, my Lords.
Y me pregunto sobre la voracidad por saber todo sobre mi situación económica sin mostrar el más mínimo interés en mi vida profesional o en mis blogs informativos. Prefieren que se rellenen formularios con fotocopias del DNI, movimientos de cuenta corriente, de la pensión inglesa en traducción al español, datos de la vivienda, justificantes de ingresos y declaraciones responsables, e incluso copia de la sentencia de separación o divorcio en su debido caso.

BUSCANDO UN TÍTULO PARA UN FILM
Roberto Rossellini lo consiguió en 1945 con su película «Roma, cittá aperta», donde todos los que llegaban se sentían «at home»

DICHO DEL CAMPO DE SALINAS
Si no te fueras, comerías en Torrevieja.

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