Procesiones y mítines; juntos, pero no revueltos

Para señalar fecha a las elecciones generales, el presidente, con premura, se ha visto obligado a “disparar” al calendario con exquisito cuidado. ¡El mismísimo Domingo de Ramos, nada más y nada menos, ha estado en el punto de mira! Alguien, algunos o muchos, le habrán advertido, más bien espantados, que esa fecha hubiera supuesto un caos absoluto al contraponer el principal deber constitucional del ciudadano con la más arraigada tradición cultural de España. Anoche, sin ir más lejos, vimos al alcalde de Lorca con un soponcio que al final le quedó en sobresalto. Su ciudad tiene una afluencia turística impresionante en esos días y él sacaba pecho. No serán elecciones, pero la semana grande quedará dentro de una campaña electoral que se supone con muchísimo más ruido que cualesquiera otra de las anteriores de esta democracia imperfecta que tenemos, al ver y oír cómo se las gastan nuestros líderes políticos para atraerse el voto ciudadano y porque también en los medios está presente ese juicio al independentismo catalán, que, según declara, sólo fue una broma, pero que tiene fugado de la justicia al principal responsable. Supremacistas ellos, todo lo magnificarán, pudriendo hasta niveles insospechados el devenir de la confrontación electoral. Que no puede ni será limpia. Va a ser digno de ver las banderolas y los carteles de propaganda electoral, entre guirnaldas y flores y procesiones a la Virgen y al Señor. En Lorca, sin ir más lejos, y en todo el resto de España.
Porque ya estamos en precampaña y el primero en ofrecerse, nuestro Presidente. El anuncio de ese “tiro al calendario”, dos segundos. Después, veinte minutos de mitin insólito, diciéndonos exhaustivamente todo lo que había realizado su Gobierno en estos pocos meses y todo lo que no le había dejado hacer la oposición.
Vivir en un país en el que se oye decir al Presidente: “yo soy el Presidente del Gobierno, yo soy constitucionalista, yo independentista pero amo a España, yo no tengo que enarbolar banderas porque ser patriota es luchar por la igualdad para todos”, es triste. Pues todo esto nos lleva a que Europa, la vieja y formidable Europa, que no entiendo por qué se dirá la vieja Europa como monserga, se esté riendo de nosotros. Pazguata ella, se pasma. Dirá, eso sí, que si los españoles no sabemos ser españoles y defender lo nuestro, no será ella quién nos enmiende la plana. Y ahí tienen hospedado a Puigdemont, prófugo de nuestra justicia y principal responsable del “conflicto”.
Decía hace unos días un analista político que “los pactos van a ser exigencia del ciudadano” aunque incide en que las elecciones van a ser un plebiscito sobre Sánchez. Mi modesta opinión es que lo va a ser sobre todos. Sobre Sánchez y su “pesoe”, sobre el “pepé” de Casado, sobre C’s y su Rivera, sobre Vox y Abascal, y también, como es natural, sobre ese populismo de extrema izquierda marxista chavista de Podemos, que tampoco quiere ser español y que tanto daría por un triunfo de las tesis independentistas.

JortizrochE

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