La silla vacía

Permitidme que mis primeras palabras sean de felicitación a todo el pueblo de Torrevieja en estas atípicas fiestas patronales del año 2020. Desde esta ventana que Torreguía me ofrece para dar mi personal opinión de las cosas en plena libertad, conviene que no olvidemos el genuino fondo que vertebra a nuestra ciudad en estas fechas que van más allá del fervor religioso a la Inmaculada Concepción. La amistad, la familia, la unión, la solidaridad, y todo ello al amparo de las tradiciones más arraigadas son los motivos transversales que impulsan a que en Torrevieja los creyentes y no creyentes se sumen a la celebración de las fiestas en honor a la Purísima. Y esos motivos hacen que este año todo sea diferente; dolorosamente distinto. El coronavirus ha impactado en toda la sociedad. Por desgracia provocará que, una vez sentados alrededor de una mesa, en los señalados días festivos, al mirar a la derecha o a la izquierda, todos apreciemos la existencia de una silla vacía; perfectamente colocada pero tristemente ausente. Es cierto que en algunos hogares será una situación temporal ante el imposible desplazamiento de nuestros seres queridos desde otras zonas a nuestro municipio o por la limitación del número máximo de personas autorizadas a compartir pelotas en este estado de alarma que pende sobre nuestras cabezas. Pero también es verdad que la tragedia de la pandemia, que suma más de 70.000 fallecimientos en España, de manera directa o indirecta, provocará que en todos los hogares de Torrevieja experimentemos un sentimiento de dolor; de tristeza; de ausencia irremplazable de seres queridos que nos enseñaron a amar a la Charamita; a los garbanzos torraos. Ya no tendremos a quienes nos inculcaron que ofrendarle a la Purísima es rememorar a esa Torrevieja del ausente que emigraba por necesidad, y volvía envuelto en la añoranza de quién ama a su tierra como a una madre. La pandemia es la única culpable de esa silla vacía. Y nuestra responsabilidad actual es llenarla con recuerdos de amor, y transmitir a los que viven y vivirán la Torrevieja de hoy y del mañana, las costumbres y tradiciones que nuestros abuelos y nuestros padres nos tatuaron en el alma con grumos sal, «repisco» de hueva de mújol y sorbo de «paloma». Y por todo ello valoro más que nunca la labor social del departamento de Festejos del Ayuntamiento salinero. Tenemos que levantar a Torrevieja.

5 Comentarios

  1. El autor del artículo de opinión habla de valores como son: la amistad, la familia, la unión, la solidaridad,…., pero no incluye en esos valores el de la honradez, no devuelve los 184.000 € cobrados indebidamente según sentencia judicial.
    Si es queeeee…..

  2. Repito:

    Sr.No
    EL 10 DICIEMBRE, 2020 A LAS 13:36
    Hay algo muy raro: si ha sido condenado a devolver 184.000 euros, y así lo dicta una sentencia judicial, ¿qué pasa que nadie legitimado insta la ejecución de la misma?
    Mira que es fácil…

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